7 de enero | Mi vida Hoy | Elena G. de White | Uno con Dios mediante la fe

Para que todos sean una cosa; corno tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa; para que el mundo crea que tú me enviaste. (Juan 17:21)

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos.” ¿Podemos concebir una relación con Cristo más íntima que ésta? Las fibras de los pámpanos y las de la vid son casi idénticas. El tronco transmite vida, fuerza y poder de fructificación a los pámpanos en forma constante y sin impedimento alguno. La raíz envía el jugo nutricio a través de los pámpanos. Tal es la relación que existe entre el verdadero creyente y Cristo. El primero mora en Cristo y se nutre de su savia.
Esta relación espiritual se puede establecer solamente ejerciendo nuestra fe personal. Esta fe debe expresar suprema preferencia, perfecta confianza, total consagración de nuestra parte. Nuestra voluntad debe haberse entregado totalmente a la de Dios; nuestros sentimientos, deseos, intereses y honor se habrán identificado con la prosperidad del reino de Cristo y el honor de su causa. Al mismo tiempo estaremos recibiendo constantemente su gracia, y Cristo estará aceptando nuestra gratitud.
Cuando se forma esta relación y comunión íntimas, nuestros pecados se depositan sobre Cristo y se nos imputa su justicia. El fue hecho pecado por nosotros para que pudiéramos ser hechos justicia de Dios en él. Tenemos acceso a Dios por su intermedio; somos aceptos por medio del Amado. Quienquiera por la palabra y acción ultraja a un creyente, hiere a Jesús. Quienquiera que dé un vaso de agua fresca a un discípulo porque es hijo de Dios, a la vista de Cristo se lo ha dado a él mismo.
Cuando Cristo estaba por separarse de sus discípulos les hizo entrega del hermoso emblema que simboliza su relación con los creyentes… Una unión con Cristo por medio de la fe es duradera; cualquier otra unión debe perecer… El verdadero creyente elige a Cristo como lo primero y lo último, y lo mejor de todo. (RH, 13-12-1887) (12)

DEVOCIONAL MI VIDA HOY
Reflexiones para cada día
Elena G. de White

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