6 de Octubre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | El cielo anhela colaborar

Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dajará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Isaías 58:8.

Lo que nos capacita para mostrarles a otros el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, es la constante comprensión de la preciosidad del sacrificio expiatorio de Cristo en favor nuestro. Tenemos que llegar a ser exponentes de la eficacia de la sangre de Cristo, por medio de la cual han sido perdonados nuestros propios pecados. Únicamente así lograremos alcanzar las clases más elevadas…
Cristo dijo que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de los cielos. Pero para Dios todas las cosas son posibles. El puede valerse de agentes humanos—y lo hará—para trabajar en las mentes de personas ricas cuyas vidas hayan sido dedicadas a la adquisición de dinero.
El universo celestial ha esperado por mucho tiempo para colaborar con los agentes humanos en esta tarea que han esquivado y descuidado. Muchos de los que han tratado de hacer algo se han desanimado pronto, cuando en realidad, si hubieran perseverado, habrían tenido bastante éxito. Los que realizan esta obra fielmente, recibirán la bendición de Dios. La justicia de Cristo los precederá, y la gloria de Jehová será su retaguardia.
Se producirán milagros en conversiones genuinas, milagros que actualmente no se disciernen. Los hombres más grandes de la tierra no se encuentran más allá del poder de un Dios que obra maravillas. Si los que colaboran con él fueran personas de oportunidad, que cumplieran con su deber con fidelidad y valor, Dios convertiría a hombres que ocupan lugares de responsabilidad, hombres de intelecto e influencia. Muchos aceptarán los principios divinos gracias al poder del Espíritu Santo. Mediante la contemplación de la hermosura de Jesús y de su abnegación y altruismo, al compararse con él, el rico autosuficiente se verá como un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo, y se considerará tan pequeño a sus propios ojos, que preferirá a Cristo antes que a sí mismo, y como resultado aceptará la vida eterna.
Al convertirse a la verdad, llegará a ser un agente en manos de Dios para comunicar la luz. Sentirá una preocupación especial por otras almas de su misma clase descuidada. Considerará que ha recibido el conocimiento del Evangelio como un encargo para darlo a los que han hecho de este mundo su todo. Tiempo y dinero serán consagrados a Dios, los medios fluirán a su tesorería, talentos e influencias se convertirán a la verdad, y un nuevo poder y eficacia serán añadidos a la iglesia.
El amor puro y santificado, un amor como el que Cristo expresó durante la obra de su vida, es como un perfume santo. Como el frasco roto del perfume de María, inunda la casa de fragancia. La elocuencia, el conocimiento de la verdad, y los talentos excepcionales, mezclados con amor, constituyen todos preciosos dones… El amor a Dios y a aquellos por quienes Cristo murió, producirán resultados que difícilmente podemos comprender.—Testimonies for the Church 6:81-84.

DEVOCIONAL EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

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