6 de noviembre | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | Los padres deben comenzar la reforma en el hogar

Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma. Salmos 143:8.

Cuando Dios dio a Jesús al mundo, incluyó todo el cielo en ese don. No nos lo dejó para retener nuestros defectos y deformidades de carácter, o para servirlo como mejor pudiéramos en la corrupción de nuestra naturaleza pecaminosa.
Hizo provisión para que pudiéramos estar completos en su Hijo, no teniendo nuestra propia justicia, sino la justicia de Cristo. En Cristo, todo el almacén del conocimiento y de la gracia está a nuestra disposición; porque en él habita
“corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. Colosenses 2:9.
Cristo dio su vida por nosotros; somos su propiedad. “¿O ignoráis”, dice él, “que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. 1 Corintios 6:19, 20. Los hijos de Dios deben mostrar su amor por él, cumpliendo sus demandas, entregándose a él. Sólo entonces puede él usarlos en su servicio, para que otros, por medio de ellos, puedan discernir la verdad y regocijarse en ella.
Pero el pueblo de Dios está adormecido a su bien presente y eterno. El Señor les dice: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti”. Isaías 60:1. Les desea que vayan a trabajar en unidad, en fe, en amor. Desea que la obra de reforma comience en el hogar, con los padres y las madres, y entonces la iglesia se dará cuenta de que el Espíritu Santo está trabajando. La influencia de esta obra se extenderá a través de la iglesia como la levadura. Los padres y las madres necesitan convertirse. No se han educado para formar y modelar los caracteres de sus hijos en forma conveniente.
Como ministros de Dios, queridos padres, deben usar los preciosos momentos de tiempo que quedan para hacer la obra que él les ha dejado. Dios desea que, por medio de métodos sabios en su hogar, instruyan a sus hijos para él. Aprendan de Jesús, sean hacedores de la Palabra…
Los niños necesitan que la religión sea algo atractivo, no repulsivo. La hora del culto familiar debería ser la más feliz del día. Que la lectura de las Escrituras esté bien elegida y que sea sencilla; que los niños se unan en el canto, y que las oraciones sean cortas y al punto… Consideren… que están en el servicio de Dios, que tienen acceso a Aquel que es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.—The Review and Herald, 18 de marzo de 1902.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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