6 de noviembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Misericordia para este pobre pecador

«No me niegues, Señor, tu misericordia; que siempre me protejan tu amor y tu verdad. Muchos males me han rodeado; tantos son que no puedo contarlos. Me han alcanzado mis iniquidades, y ya ni puedo ver.
Son más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón desfallece. Por favor, Señor, ¡ven a librarme! ¡Ven pronto, Señor, en mi auxilio!». Salmo 40: 11-13, NBD

LA RELIGIÓN DE CRISTO elevará la vida a un nivel superior. La obra interior del Espíritu de Dios humilla el orgullo humano, induciéndonos a comprender las grandes bendiciones y la amorosa bondad divina. […] Cuando descubrimos nuestra impotencia, y miramos a la fuente de nuestra fortaleza con súplica vehemente, obtendremos
luz diciendo: «Señor, ¡no me niegues tu misericordia! ¡Permite que siempre me acompañen tu misericordia y tu verdad!» (Sal. 40: 11, RVC). […]
No podemos esperar que el Señor nos guarde por su misericordia y nos preserve continuamente por su verdad, si no nos dejamos conducir por su luz. Así que huyamos de las malas compañías y elijamos las buenas. La semilla de la verdad sembrada en el corazón debe recibir los brillantes rayos del Sol de Justicia para crecer. Las semillas de la verdad que no brotan y crecen, pronto pierden su poder germinativo y perecen. Las malezas de los hábitos pecaminosos, en cambio, brotarán y prosperarán en su lugar. Las preciosas plantas del amor: la alegría, la paciencia, la tolerancia, la mansedumbre y la humildad, necesitan cultivarse cuidadosamente, si queremos que se enraícen y se desarrollen.
No nos contentemos con una piedad superficial; sino, jóvenes amigos, crezcamos en gracia y en el conocimiento de Jesucristo. ¿Estamos progresando? ¿Se está convirtiendo en árbol la planta de la gracia, o se está secando?
Presentémonos humildemente y con frecuencia ante el trono de la gracia, y contemos a Jesús todos nuestros anhelos, y no pensemos que hay algo demasiado insignificante para él, que no podamos someterlo a su consideración. The Youth s lnstructor, 9 de febrero de 1893.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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