6 de febrero | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | En el hogar

«Escríbelas en la puerta de tu casa y en los portones de tu ciudad». Deuteronomio 6: 9, TLA

DESDE LOS MAS REMOTOS TIEMPOS, los fieles de Israel prestaron mucha atención a la educación. El Señor había indicado que a los niños, aun desde sus primeros días, se les instruyera respecto a su bondad y grandeza, especialmente como se revelaba en su ley y en la historia de Israel. Mediante el canto, la oración y las lecciones
de las Escrituras, las madres tenían que enseñar a sus hijos que la ley de Dios es una expresión de su carácter y que a medida que recibieran en el corazón los principios de esa ley, la imagen de Dios se iría fijando en su mente y en su alma.— Conducción del niño, cap. 4, pp. 36-37.
Si esencial era que Moisés incorporara los mandamientos en himnos sagrados, de manera que mientras el pueblo caminaba por el desierto los niños pudieran aprender a cantar la ley punto por punto, ¡no menos esencial es que hoy se les enseñe a los niños la Palabra de Dios!.— Review and Herald, 8 de septiembre de 1904.
La verdadera felicidad, en esta vida y en la futura, depende de la obediencia a un «así dice Jehová». Padres, permitan que la vida de Cristo sea el modelo. Satanás ideará todo medio posible para destruir esta elevada norma de piedad como si fuera demasiado estricta. La obra de los padres consiste en ir inculcando a sus hijos desde sus primeros años la idea de que han sido formados a la imagen de Dios. Cristo vino a este mundo para darles viviente ejemplo de lo que todos debiéramos ser, y los padres que pretenden creer la verdad presente han de enseñar a sus hijos a amar a Dios y a obedecer su ley.
[…] Y esto es lo más grande y lo más importante que los padres y las madres pueden hacer.— Conducción del niño, cap. 10, pp. 80, 81.

4DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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