6 de diciembre | Mi vida Hoy | Elena G. de White | La liberación

Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sión con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas: y retendrán el gozo y alegría, y huirá la tristeza y el gemido. (Isa. 35:10)

Es a media noche cuando Dios manifiesta su poder para librar a su pueblo. Sale el sol en todo su esplendor. Sucédense señales y prodigios con rapidez. Los malos contemplan la escena con terror y asombro, mientras los justos se deleitan en comprobar las señales de su liberación. La naturaleza entera parece trastornada…Nubes negras y pesadas se levantan y chocan unas con otras. En medio de los cielos conmovidos hay un espacio claro de gloria indescriptible, de donde baja la voz de Dios semejante al ruido de muchas aguas, diciendo: “¡Hecho está!”
Esa misma voz sacude los cielos y la tierra. Síguese un gran terremoto, “cual nunca hubo desde que había hombre sobre la tierra, un terremoto tan grande y tan fuerte.” El firmamento parece como que se abriese y se cerrase. La gloria del trono de Dios parece cruzar la atmósfera. Los montes son conmovidos como una caña al soplo del viento, y las rocas quebrantadas se esparcen por todos lados…Los sepulcros se abren, y “una multitud de dormidos en el polvo de la tierra” despiertan; “los unos para vida eterna, y los otros para deshonra y aborrecimiento eterno.” Todos los que han muerto en la fe del mensaje del tercer ángel, salen glorificados de la tumba, para oír la alianza de paz de Dios con los que han guardado su ley…
Desde el cielo se oye la voz de Dios que proclama el día y la hora de la venida de Jesús, y que promulga a su pueblo el pacto eterno. Sus palabras resuenan por la tierra como el estruendo de los más estrepitosos truenos. El Israel de Dios escucha con los ojos elevados al cielo. Su aspecto se ilumina de la gloria divina y brilla cual brillara en el rostro de Moisés al bajar de la cumbre del Sinaí. Los malos no los pueden mirar. Y cuando la bendición es pronunciada sobre los que han honrado a Dios observando santamente su sábado, se oye un inmenso grito de victoria. (CS:694-698)

DEVOCIONAL MI VIDA HOY
Reflexiones para cada día
Elena G. de White

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