6 de agosto | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White

El trabajo y el estudio son beneficiosos tanto para la Tierra como para la mente

He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos, y los cielos de los cielos, la tierra, y todas las cosas que hay en ella. Deuteronomio 10:14.

La belleza de la naturaleza, por sí misma, aparta el alma del pecado y de las atracciones mundanas, y la lleva hacia la pureza, la paz y Dios. Por esta razón, el cultivo del suelo es un buen trabajo para los niños y los jóvenes. Los pone en contacto directo con la naturaleza y el Dios de ella. Y para que tengan esta ventaja debe haber, en cuanto sea posible, en relación con nuestras escuelas, grandes jardines y extensos terrenos para el cultivo.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos acerca de la Educación Cristiana, 178 (edición de 1991).

En la escuela que se ha iniciado aquí en Cooranbong [Australia] esperamos tener verdadero éxito en los ramos agrícolas, combinados con el estudio de las ciencias. Queremos que este lugar sea un centro del cual irradie luz y precioso conocimiento avanzado, que resulte en el trabajo de campos mejorados, de manera que las colinas y los valles florezcan como las rosas. Tanto para los niños como para los adultos, el trabajo, combinado con la actividad mental, proporcionará la debida clase de educación equilibrada. El cultivo de la mente dará tacto, y brindará incentivos para el cultivo de la tierra.

La escuela ha hecho un excelente comienzo. Los alumnos están aprendiendo a plantar árboles, fresas [frutillas], etc.; [es decir,] cómo deben cuidar cada brote y fibra de las raíces sueltas para darle una oportunidad de crecer. ¿No es ésta una muy preciosa lección sobre cómo tratar la mente humana, y también con el cuerpo:

No oprimir ninguno de los órganos del cuerpo, sino darles amplia libertad para hacer su obra?…

Debemos trabajar el suelo con alegría, con esperanza, con gratitud, creyendo que la tierra posee en su seno ricas reservas para ser acopiadas por el obrero fiel, más ricas que el oro o la plata… Con un cultivo adecuado e inteligente, la tierra abrirá sus tesoros para beneficio de la humanidad.

El cultivo de nuestras tierras requiere el ejercicio de todo el poder del cerebro y del tacto que poseemos. Las tierras que nos rodean testifican de la indolencia de los seres humanos. Esperamos despertar a la acción de los sentidos dormidos.

Esperamos ver agricultores inteligentes, que serán recompensados por su ferviente labor. La mano y el corazón deben cooperar, poniendo en operación planes nuevos y razonables en el cultivo del suelo.—Testimonios para los Ministros, 248, 245, 246, 247; The Advocate, marzo de 1901.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS

Elena G. de White

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