5 de octubre | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | La ley de Dios aparece en los cielos


Y los cielos declararán su justicia, porque Dios es el juez. Salmos 50:6.

Las nubes se retiran, y el cielo estrellado brilla con esplendor indescriptible en contraste con el firmamento negro y severo en ambos lados. La magnificencia de la ciudad celestial rebosa por las puertas entreabiertas…—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 697.
En el templo se verá el arca del pacto en la cual fueron puestas las dos tablas de piedra sobre las cuales está escrita la ley de Dios.
Esas tablas de piedra serán sacadas de su escondedero, y en ellas se verán los Diez Mandamientos esculpidos por el dedo de Dios.
Esas tablas de piedra que ahora están en el arca del pacto serán un testimonio convincente de la verdad y de la vigencia de la ley de Dios…
Mentes y corazones sacrílegos pensaron que tenían poder suficiente para cambiar los tiempos y la ley de Jehová; pero en los archivos del cielo, en el arca de Dios, están a salvo los mandamientos originales, escritos sobre dos tablas de piedra. Ningún potentado de la Tierra tiene poder para sacar aquellas tablas de su sagrado escondedero debajo del propiciatorio.—Comentario Bíblico Adventista 7:983.
Aparece en el cielo una mano que sostiene dos tablas de piedra puestas una sobre otra. El profeta dice: “Denunciarán los cielos su justicia; porque Dios es el juez”. Salmos 50:6. Esta ley santa, justicia de Dios, que entre truenos y llamas fue proclamada desde el Sinaí como guía de la vida, se revela ahora a los hombres como norma del juicio. La mano abre las tablas en las cuales se ven los preceptos del Decálogo inscritos como con letras de fuego. Las palabras son tan distintas que todos pueden leerlas. La memoria se despierta, las tinieblas de la superstición y de la herejía desaparecen de todos los espíritus, y las diez palabras de Dios, breves, inteligibles y llenas de autoridad, se presentan a la vista de todos los habitantes de la Tierra.
Es imposible describir el horror y la desesperación de aquellos que pisotearon los santos preceptos de Dios…
Los enemigos de la ley de Dios… reconocen demasiado tarde que el día de reposo del cuarto mandamiento es el sello del Dios vivo.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 697, 698.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White
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