5 de Octubre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | Que la iglesia se levante y brille

Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Isaías 60:1-2.

Los celos causaron la primera muerte en nuestro mundo… Todo egoísmo proviene de Satanás. Los seres humanos pertenecen a una gran familia, la familia de Dios. Deben respetarse unos a otros. No han de hablar palabras que ofendan y hieran. Nadie debe actuar injustamente, y hacer así que sus semejantes le pierdan la confianza. El egoísmo y la injusticia producen infelicidad. Bajo su nefasta influencia los seres humanos pierden el sentido de lo que significa amarse unos a otros como Cristo los amó.
Todos deben trabajar unidos en amor, considerando a Dios como el gran centro. El amor de Cristo es el principio que une al hombre con sus semejantes…
En el mundo actual se observa todo lo contrario a la fidelidad a Dios. Cada país, cada provincia, cada familia, manifiesta el deseo de ser el centro. Los hombres se muestran ansiosos de gobernar a sus semejantes… El yo es la fuente principal de esta tendencia.
El Señor pide que su pueblo aparte toda piedra de tropiezo de su camino. Sean llenos del Espíritu Santo. La gloria del Evangelio consiste en unir a los seres humanos con sus semejantes, en restaurar en ellos la benevolencia perdida a causa del pecado. Que la iglesia se levante y resplandezca, porque su luz ha llegado, y la gloria del Señor ha nacido sobre ella. Que los miembros luchen seriamente para obtener la victoria sobre el yo.—Manuscrito 78, 1901.
La religión de Cristo significa más que el perdón del pecado; significa la extirpación de nuestros pecados y el henchimiento del vacío con las gracias del Espíritu Santo. Significa iluminación divina, regocijo en Dios. Significa un corazón despojado del yo y bendecido con la presencia permanente de Cristo. Cuando Cristo reina en el alma, hay pureza, libertad del pecado. Se cumple en la vida la gloria, la plenitud, la totalidad del plan evangélico. La aceptación del Salvador produce un resplandor de perfecta paz, y amor perfecto, de perfecta seguridad. La belleza y fragancia del carácter de Cristo, reveladas en la vida, testifican de que Dios ha enviado ciertamente a su Hijo al mundo para ser su Salvador…
La revelación de su propia gloria en la forma humana, acercará tanto el cielo a los hombres que la belleza que adorne el templo interior se verá en toda alma en quien more el Salvador. Los hombres serán cautivos por la gloria de un Cristo que mora en el corazón. Y en corrientes de alabanza y acción de gracias procedentes de muchas almas así ganadas para Dios, la gloria refluirá al [287] gran Dador.—Palabras de Vida del Gran Maestro, 345-346.

DEVOCIONAL EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

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