5 de noviembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Un comportamiento inteligente

«Quiero entender tus perfectas enseñanzas. ¿Cuándo vendrás a mi encuentro?
Así me conduciré con rectitud en mi hogar, y no pondré los ojos en la injusticia.
Odio a los que actúan de manera torcida; no permito que ninguno de ellos se acerque a mí». Salmo 101: 2-3, RVC

NO SEAMOS INDISCRETOS NI IMPERTINENTES , sino vivamos inteligentemente nuestra religión, con la vista puesta en la gloria de Dios. […] Así podremos brillar, sin alharacas ni aspavientos, como luminarias en el mundo. No fracasaremos porque está con nosotros Uno que es sabio en sus consejos, impecable en sus obras, y perfectamente capaz de cumplir todo lo que promete. El actúa por medio de instrumentos visibles e invisibles, humanos y divinos. Esta obra, que nos ha sido encomendada, es grandiosa, y será llevada adelante hacia la gloria de Dios, si todos los que se relacionan con ella cumplen su parte de acuerdo con su profesión de fe.
La pureza de pensamiento debe estimarse indispensable en la tarea de salvar a otros. El creyente debe rodearse de una atmósfera pura y santa, una atmósfera que tienda a vivificar la vida espiritual de todos los que la respiren.
Jesús es honrado, o deshonrado, por las palabras y el proceder de los que se dicen sus seguidores. «Ante todo, cuida tus pensamientos porque ellos controlan tu vida» (Prov. 4: 23, PDT). Si la mente y las emociones se purifican por la obediencia a la verdad, no habrá preferencias egoístas ni motivos corrompidos. Desaparecerá lá parcialidad y la hipocresía, y no se desarrollará un sentimentalismo amoroso enfermizo. […]
En la situación actual de la sociedad, con los principios y valores morales totalmente devaluados —no solo entre los jóvenes, sino también entre los mayores—, existe el peligro de que seamos negligentes y que nos enfoquemos en las vanidades, creando así envidias, celos y desconfianza.
¡Qué pocos se dan cuenta de que están ahuyentando al Espíritu de Dios con sus pensamientos y sentimientos egoístas y sus conversaciones frívolas e insustanciales. […] En todo momento hemos de practicar la pureza en la conversación y en el trato con los demás.— Carta 74, 1896, adaptado.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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