Cuando se habla de individuos con fortuna o de gente afortunada, se suele citar el caso de quiénes se han vuelto ricos de la noche a la mañana, o que han sido favorecidos con una herencia imprevista; o de los que, gracias a la lotería u otro juego de azar, reciben una suma respetable de dinero. Pero, ¿son los tales –por ese motivo –verdaderamente afortunados?

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