5 de diciembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | Somos capaces de cosas mejores

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Romanos 5:6.

La sociedad de hoy se aproxima rápidamente a la condición del mundo antediluviano. A medida que los niños se vuelven jóvenes y los jóvenes se transforman en hombres y mujeres, se van llenando de suficiencia propia y experimentan una rápida maduración en el conocimiento del mal… La juventud de hoy recibe su educación criminal mediante la lectura de las historietas que abundan en las publicaciones populares. Puesto que no tienen el menor respeto por el bien por el solo hecho de ser bueno, al leer las historias de robos, asesinatos, y toda otra especie de crimen, son inducidos a pensar en formas mediante las cuales puedan superar los métodos de los criminales, sin ser detectados. Las publicaciones corrompidas fomentan el entrenamiento de los jóvenes en el camino que conduce a la perdición. La juventud de nuestras ciudades respira la atmósfera sucia y corrupta del crimen; de allí la influencia perversa es comunicada a las zonas rurales y la comunidad entera se contamina. Algunos de los dirigentes de la tierra no son personas de valía moral. No se preocupan por detener la publicación de estas revistas corrompidas que van en aumento año tras año y que alimentan la pasión por el crimen y la maldad. Se tratan como realidades las historias de vida criminal que se encuentran en los periódicos del día y las así llamadas revelaciones del futuro… Cristo vio el conflicto que se aproxima y nos dejó dicho que veláramos y oráramos para no entrar en tentación. Nos advirtió que “como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre”. Mateo 24:37.
Aquí no se nos amonesta en contra de la participación correcta en transacciones comerciales, sino en contra de llevar al exceso las cosas que son legales en sí mismas, en contra de permitir que nuestras mentes sean absorbidas de tal manera por las cosas terrenales, que lleguen a incapacitarnos para discernir los asuntos importantes que conciernen a nuestros intereses eternos. Se nos amonesta en contra de la gratificación de los apetitos pervertidos; en contra de la glotonería y la embriaguez…
Pero a pesar de la condición corrupta en que se encuentra la sociedad de hoy, en ella hay almas capaces de cosas mejores: almas representadas por Cristo bajo el símbolo de “la perla perdida”. Cristo lo dio todo con el fin de buscar y salvar todo lo que se había perdido y rescatar la perla que había valorado a un precio infinito. ¿Qué estamos listos a hacer a fin de colaborar con él en esta tarea? ¿Qué sacrificio estamos dispuestos a realizar?…
Cuando consideramos que Cristo murió por los impíos cuando eran todavía pecadores, podemos comprender cuán dispuesto y aun ansioso está para bendecirnos, de modo que nosotros también podamos ser una bendición para otros.—The Review and Herald, 21 de abril de 1896.

DEVOCIONAL ADVENTISTA
EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

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