4 de noviembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Todavía nos queda mucho por hacer

«No se dejen engañar: “Las malas compañías corrompen las buenas costumbres”. Así que vuelvan en sí y vivan con rectitud, y no pequen, porque algunos de ustedes no conocen a Dios. Y esto lo digo para que sientan vergüenza». 1 Corintios 15:33-34, RVC

HAY MUCHO QUE HACER a fin de capacitamos para las mansiones celestes. La insensibilidad espiritual, la vulgaridad de la conversación y la volubilidad del carácter, deben desaparecer de nuestras vidas, o jamás nos podrá cubrir del manto de la justicia de Cristo. […]

Aquellos que, bajo la enseñanza de Cristo, alcanzan los logros más elevados, llevarán consigo cada progreso divino a la escuela superior. Por el contrario, los que no están dispuestos a que sus caracteres sean moldeados según la semejanza divina, entristecen a los ángeles; pues al aferrarse a sus hábitos pecaminosos y prácticas malsanas, frustran los designios de Dios.— Review and Herald, 4 de julio de 1899.

Hemos de prestar atención a Dios, y a toda la gente. Recordemos que el Señor desea que tengamos los modales más refinados, a fin de que lo glorifiquemos ante el mundo. Desea que vivamos unidos los unos con los otros, y que nos amemos unos a otros. Recordemos que si nos amamos de ese modo, viviremos con los redimidos por los siglos sin fin de la eternidad.— Manuscrito 21, 1903.

El egoísmo y el orgullo estorban el amor puro que nos une en espíritu con Jesucristo. Si se cultiva sinceramente ese amor, lo finito se fundirá con lo infinito, y todos seremos unidos al Infinito; cada ser humano se solidarizará con la humanidad; y todo será vinculado al Corazón del amor infinito.

El amor puro de unos con otros es santificado. En esta gran obra, un fraternal amor cristiano —muchísimo más constante, más sincero y más desinteresado de lo que se suele dar— preservará la ternura, la benignidad y la amabilidad, y unirá a la hermandad humana en el abrazo de Dios. Así quedará reconocida la dignidad con la cual el Señor ha investido los derechos de los seres humanos.— Carta 10, 1897.

La religión de Cristo jamás degrada al que la recibe y la practica, en ningún caso lo lleva a ser vulgar, rudo o desconsiderado.— Carta 134, 1901.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS

Elena G. de White

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