4 de febrero | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Es verdad y justicia

«Tu justicia es justicia eterna, y tu ley, la verdad». Salmo 119:142

DIOS ENVIÓ LA VERDAD a nuestro mundo con gloria, belleza y perfección inmaculadas, y la puso en contraste con el error. Ni los hombres ni los demonios podían descubrir una leve mancha en el carácter de Cristo; pero la revelación de «la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene al mundo» (Juan 1: 9, RVA15), estableció tal contraste con las tinieblas, que las gentes no quisieron recibir la luz. […]
No hay enemistad natural entre los ángeles malignos y los seres humanos perversos; unos y otros son malos debido a la transgresión de la ley de Dios, y el mal siempre se coligará contra el bien. Los seres humanos y los ángeles caídos entran en una relación desesperada. […]
La pureza y la santidad del carácter de Cristo conmovieron las peores pasiones del corazón humano. […] La perfecta obediencia de Jesús a los mandamientos de Dios eran una reprensión constante para una generación sensual y perversa. Su carácter inmaculado arrojaba luz en medio de las tinieblas morales del mundo. […] Los que se han convertido en hijos de Dios no pueden evitar el entrar en conflicto con las huestes de la apostasía. […] Gracias a los méritos del Redentor, Dios acepta los esfuerzos de los pecadores para guardar su ley, la cual es santa, justa y buena.
Los que verdaderamente se unen con Cristo, estarán haciendo lo mismo que él hizo mientras estuvo en la tierra: se los encontrará magnificando la ley y engrandeciéndola.
[…] Cuando los que predican el evangelio revelan la eficacia de este en su vida y carácter, el reino de Satanás recibe un golpe.— The Youth’s Instructor, 11 de octubre de 1894.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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