4 de diciembre | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | Los pecadores convertidos viven una vida nueva

Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Ezequiel 36:25, 26.

Muchos que hablan a otros de la necesidad de un nuevo corazón, no saben ellos mismos lo que significan estas palabras. En esta frase, “un nuevo corazón”, tropiezan especialmente los jóvenes. No saben lo que significa. Esperan que se efectúe un cambio especial en sus sentimientos. A esto llaman conversión. Miles han tropezado, para su ruina, en este error, no comprendiendo la expresión: “Os es necesario nacer de nuevo”. Juan 3:7. Satanás induce a las personas a pensar que, porque han experimentado un arrobamiento de los sentimientos, están convertidas.
Pero su vida no cambia. Sus actos siguen siendo los mismos que antes. Su vida no demuestra buen fruto. Oran frecuente y largamente, y se refieren constantemente a los sentimientos que experimentaron en tal o cual ocasión. Pero no viven la nueva vida. Están engañadas. Su experiencia no va más allá de los sentimientos. Edifican
sobre la arena, y cuando soplan vientos adversos, su casa se derrumba.
Muchas pobres almas andan a tientas en las tinieblas, en busca de los sentimientos que otros dicen haber experimentado. Pasan por alto el hecho de que el creyente en Cristo debe obrar su propia salvación con temor y temblor. El pecador convicto tiene algo que hacer. Debe arrepentirse y manifestar verdadera fe. Cuando Cristo habla del nuevo corazón, se refiere a la mente, a la vida, al ser entero. Experimentar un cambio de corazón es apartar los afectos del mundo y fijarlos en Cristo. Tener un nuevo corazón es tener una mente nueva, nuevos propósitos, nuevos motivos. ¿Cuál es la señal de un corazón nuevo? Una vida transformada. Se produce día tras día, hora tras hora, una muerte al orgullo y al egoísmo.
Algunos incurren en un gran error al suponer que una elevada profesión sustituye al verdadero servicio. Pero una religión que no es práctica, no es genuina.
La verdadera conversión nos hace estrictamente honrados en nuestro trato con nuestros semejantes. Nos hace fieles en nuestro trabajo diario. Todo sincero seguidor de Cristo mostrará que la religión de la Biblia lo habilita para usar sus talentos en el servicio del Maestro… Son los principios nobles de acuerdo con los cuales se hace el trabajo, los que lo tornan totalmente acepto a la vista del Señor.
El verdadero servicio liga al más humilde de los siervos del Señor en la tierra, con el más encumbrado de sus siervos en las cortes celestiales.—Mensajes para los Jóvenes, 69, 70.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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