4 de diciembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Como árbol fructífero

«Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni vapor el camino de los pecadores, ni hace causa común con los que se burlan de Dios, sino que pone su amor en la ley del Señor y en ella medita noche y día. Ese hombre es como un árbol plantado a la orilla de un río, que da su fruto a su tiempo y jamás se marchitan sus hojas. ¡Todo lo que hace, le sale bien!». Salmo 1: 1-3, DHH

LOS PELIGROS ACECHAN A CADA PASO, y aquel cuyo porte sea el de un conquistador podrá cantar un canto de triunfo en la ciudad de Dios. Algunos tienen fuertes rasgos de carácter que deberán reprimir. Si se mantienen bajo el control del Espíritu de Dios, esos rasgos serán una bendición; si no, serán una maldición declarada.
Que los que ahora están montados sobre la ola de popularidad no se vuelvan frívolos y vanidosos, será un milagro de la misericordia. Si se aferran a su propia sabiduría, como muchos otros que han gozado de su posición, esa sabiduría se transformará en insensatez. Pero mientras se entreguen desinteresadamente a la obra de Dios, sin desviarse en lo más mínimo, el Señor extenderá sobre ellos su brazo potente y será una poderosa ayuda. […]
Esta es una época peligrosa para todo aquel que tenga talentos valiosos aptos para ser empleados en la obra de Dios, porque Satanás está acosando constantemente con sus tentaciones a todos los seres humanos, y siempre tratando de llenarlos de orgullo y ambición. Y cuando Dios podría usarlos, es muy frecuente, en el caso que hayan llegado a considerarse autosuficientes, a llenarse de soberbia, y a creerse capaces de permanecer firmes por sí mismos. […]
Oración y sacrificio, sacrificio y oración, debe ser la ocupación de nuestra vida. Deberíamos orar como si la eficiencia y la alabanza fueran únicamente de Dios, y deberíamos trabajar como si el deber fuera solamente de nosotros.
Si deseamos poder, podemos tenerlo. El Señor está esperando que se lo pidamos. Creamos únicamente en Dios, aferrémonos a su Palabra, obremos por fe, y las bendiciones llegarán.— Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 530, 531.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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