4 de diciembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | A todo el mundo

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Marcos 16:15.

La luz que Dios concedió a su pueblo no debe quedar recluida en el seno de las iglesias que ya conocen la verdad. Debe esparcirse en las regiones obscuras de la tierra. Los que anden en la luz como Cristo está en la luz cooperarán con el Salvador revelando a otros lo que él les hiciera conocer. El propósito de Dios es que la verdad para nuestra época sea comunicada a toda nación, lengua y tribu. Hoy cada habitante del mundo está procurando conseguir ganancias y placeres mundanales. Millones de almas no dan consideración ni tiempo a su salvación. El momento ha llegado cuando el mensaje relativo a la próxima venida de Cristo debe resonar por el mundo entero.
Hay pruebas inequívocas de la inminencia del fin. La amonestación debe darse en lenguaje firme y directo. Es necesario preparar el camino delante del Príncipe de paz que viene sobre las nubes de los cielos. Queda aún mucho que hacer en las ciudades que todavía no han oído la verdad para nuestra época. No debemos establecer instituciones que por sus dimensiones y esplendor rivalicen con las del mundo; sino que debemos proseguir la obra del Señor en su nombre con la perseverancia y el celo incansable que puso el Salvador en su obra.
Como pueblo, tenemos gran necesidad de humillar nuestros corazones ante Dios, implorando su perdón por haber descuidado su mandato misionero. Hemos establecido centros importantes en algunos lugares y dejado sin trabajar muchas ciudades populosas. Pongamos mano a la obra asignada, y proclamemos el mensaje que debe hacer comprender su peligro a hombres y mujeres…
Todo el universo pide a los que conocen la verdad que se consagren sin reservas a proclamar la verdad tal cual les ha sido manifestada en el mensaje del tercer ángel. Lo que oímos y vemos nos llama a cumplir nuestro deber. La actividad de los agentes de Satanás invita a cada cristiano a ocupar su puesto…
Se necesitan hombres y mujeres cuyo corazón sea sensible a los sufrimientos humanos y que demuestren por su vida que reciben y transmiten la luz, la vida y la gracia.
Los hijos de Dios deben acercarse a Cristo por la abnegación y el sacrificio, con el único propósito de dar al mundo entero el mensaje de misericordia. Algunos trabajarán de un modo y otros de otro, según la manera en que el Señor los llame y conduzca. Pero todos deben trabajar en armonía, esforzándose por mantener en la obra un carácter de perfecta unidad. De viva voz y por la pluma deben ser obreros que trabajen para él. La palabra impresa de la verdad debe ser traducida en varias lenguas, y llevada a los extremos de la tierra… Todo creyente, cualquiera que sea el grado de su instrucción, puede llevar el mensaje.—Joyas de los Testimonios 3:293-295.

DEVOCIONAL ADVENTISTA
EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

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