31 de Octubre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | El gran fruto de la verdadera alegría

«Quiera él agradarse de mi meditación; yo, por mi parte, me alegro en el Señor». Salmo 104:34, NBD

DESCANSE DEL TODO Y COMPLETAMENTE en los brazos de Jesús. Contemple su gran amor, y entretanto medite en su abnegación, su sacrificio infinito hecho en nuestro favor para que creyéramos en él. Entonces su corazón se llenará de gozo santo, paz serena, y amor indescriptible. Mientras hablemos de Jesús y lo busquemos en oración, se fortalecerá nuestra confianza de que él es nuestro Salvador personal y amante, y su carácter nos parecerá más y más admirable. […] Hemos de gozamos en su abundante amor, y mientras más plenamente creamos que somos suyos por adopción, tendremos un goce anticipado del cielo.

Confiemos con fe en el Señor. El impulsa al creyente a la oración, y nos imparte el sentimiento de su amor inefable. Nos sentimos cerca de él, y podemos mantener una grata comunión a su lado. Al considerar el amor que se nos concede, obtenemos un panorama claro de su ternura y compasión, y nuestro corazón se abre y enternece. Sentimos en verdad que Cristo habita en nuestro corazón. […]

Nuestra paz es como un arroyo cuya corriente de gloria penetra hacia el interior del corazón, y verdaderamente cenamos con Jesús y él con nosotros. Sentimos que comprendemos el amor de Dios y descansamos en su amor. Ningún lenguaje puede describirlo; está más allá del entendimiento. Somos uno con Jesús; nuestra vida se esconde con Cristo en Dios. Tenemos la seguridad de que cuando él, que es nuestra vida, aparezca, entonces, también apareceremos con él en gloria.

Con toda confianza podemos decir que Dios es nuestro Padre. Ya sea que vivamos o muramos, pertenecemos al Señor. Su Espíritu nos hace semejantes a Cristo Jesús en temperamento y carácter, y representamos a Jesús ante los demás. Cuando él habita en el corazón, no es posible ocultar este hecho, porque «se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna» (Juan 4: 14, LPH).— Carta 52, 1894.

DEVOCIONAL ADVENTISTA

HIJOS E HIJAS DE DIOS

Elena G. de White

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