31 de diciembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Heredaremos todas las cosas

«El que salga vencedor heredará todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo. Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los homicidas, los que incurren en inmoralidad sexual, los hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda». Apocalipsis 21: 7-8, RVC

PODREMOS GOZARNOS EN EL SEÑOR si guardamos sus mandamientos. Si «nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde esperamos al Salvador, el Señor Jesucristo» (Efe. 3: 20), y si aspiramos a una «herencia en el reino de Cristo y de Dios» (Efe. 5: 5) en propiedad eterna, tendremos esa «fe que obra por el amor» (Gal. 5: 6), «habiendo purificado la vida […] en obediencia a la verdad para un amor fraternal no fingido» (1 Ped. 1: 22, RVA15). […]
Somos miembros de la familia celestial, hijos del Rey del cielo, «herederos de Dios y coherederos con Cristo» (Rom. 8: 17), así que cuando Jesús venga poseeremos imperecedera «la corona de vida que Dios ha prometido a los que lo aman» (Sant. 1: 12).— The Youth’s Instructor, 25 de agosto de 1898.
Los privilegios concedidos al hijo de Dios son ilimitados: vincularse con Jesucristo, quien, en todo el universo y de los mundos no caídos, es adorado por cada corazón, y sus alabanzas entonadas por cada lengua; ser hijo de Dios, llevar su nombre, llegar a ser un miembro de la familia real; alistarse bajo el estandarte del Príncipe Emanuel, el Rey de reyes y Señor de señores.— The Youth’s Instructor, 20 de octubre de 1886.
El Hijo de Dios era el heredero de todas las cosas, y a él se le prometieron el dominio y la gloria de los reinos de este mundo. […] Así como Cristo estuvo en el mundo, han de estarlo sus seguidores. Son los hijos de Dios, y «coherederos con Cristo»; y el reino y el señorío les pertenece.— Testimonios para la iglesia, t. 1, pp. 258-259.
Si usted se separa del mundo y sus afectos, y se mantiene libre de su contaminación, «habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia (2 Ped. 1:4, RV60), Dios será su Padre, lo adoptará en el seno de su familia, y usted será su heredero. En lugar del mundo le dará, a cambio de una vida de obediencia, el reino que se encuentra debajo de todos los cielos.— Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 41.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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