31 de diciembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | Participantes de la gloria de Cristo

He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará;… nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación. Isaías 25:9.

¡Jesús viene! Pero no para escuchar los ayes de la humanidad ni para oír la confesión de los pecados del pecador culpable, ni para dirigirle palabras de perdón; porque el caso de cada uno ya habrá sido decidido para vida o para muerte. Los que hayan vivido en pecado continuarán siendo pecadores para siempre. Los que hayan confesado sus pecados a Jesús en el santuario, que lo hayan hecho su amigo y hayan amado su venida, tendrán el perdón escrito por todos sus pecados, y después de haber purificado sus almas “mediante la obediencia a la verdad”, permanecerán puros y santos para siempre.

Jesús regresará como ascendió a los cielos, únicamente que vendrá con mayor esplendor. Regresa con la gloria de su Padre, y todos sus santos ángeles lo escoltan en su venida. En lugar de que una cruel corona de espinas hiera sus sienes santas, una corona de gloria indescriptible adornará su sagrada frente. Entonces no aparecerá como el varón de dolores, experimentado en quebranto; sino que su rostro refulgirá con un resplandor más brillante que el del sol de mediodía. No portará un sencillo manto sin costuras, sino un manto más blanco que la nieve, de brillantez deslumbradora.

¡Jesús viene! Pero no para reinar como un príncipe temporal. Levantará a los justos muertos, transformará a los santos vivos en seres de una inmortalidad gloriosa, y en compañía de ellos tomará el reino debajo de todo el cielo. Este reino nunca jamás terminará. Entonces los que hayan esperado pacientemente a Jesús serán transformados a su semejanza.

Si un solo ángel del cielo hizo que los soldados de la guardia romana cayeran como muertos, ¿cómo podrán los seres humanos impíos y desapercibidos soportar sin perecer la presencia de Jesús que viene en la gloria de su Padre acompañado de diez mil millares de ángeles? ¡Cómo podrían los pecadores soportar este cuadro! Clamarán a las rocas y las montañas que caigan sobre ellos y los cubran del rostro de Aquel que está sentado en el trono, y de la ira del Cordero…

Esfuércense por obtener una preparación cabal para encontrarse con Jesús, para que cuando él aparezca ustedes puedan exclamar con gozo: “He aquí, este es nuestro Dios a quien hemos esperado, y él nos salvará”. Entonces la vida eterna os pertenecerá, y seréis participantes de la gloria de Cristo, para escuchar eternamente su gloriosa voz de aprobación y contemplar su amable persona.—The Youth’s Instructor, abril de 1854.

Nadie que ame a Jesús de veras se sentirá triste a causa de su segunda venida. Y a medida que nos aproximamos a la venida del Hijo del hombre, los que verdaderamente amamos a Jesús miraremos adelante con gozosa esperanza, y nos esforzaremos por estar listos y contemplar a Aquel a quien aman nuestras almas y que murió para redimirnos.—Ibíd.386

DEVOCIONAL ADVENTISTA

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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