30 de mayo | Una religión radiante | Elena G. de White | El poder vencedor de Cristo

«Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones; pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo». Juan 16: 33, NVI

MIENTRAS ESTEMOS EN EL MUNDO, tendremos que pasar por diversas vicisitudes. Habrá provocaciones que nos someterán a prueba, pero solo haciéndoles frente con el debido espíritu podremos desarrollar las virtudes cristianas. Si Cristo mora en nosotros, seremos pacientes, benignos y tolerantes, y nos mantendremos gozosos en medio de las pruebas y los contratiempos. Día tras día y año tras año, iremos venciendo a nuestro ego e iremos desarrollando una noble valentía. Eso es lo que nos toca; pero no puede ser logrado sin la ayuda divina, decisión resuelta, firmeza de propósito, alerta permanente y oración incesante. Cada uno tiene su lucha personal. Ni siquiera Dios puede hacer que nuestros caracteres sean nobles o nuestras vidas útiles, a menos que lleguemos a ser colaboradores suyos. Los que se niegan a luchar pierden la fuerza y el gozo de la victoria.— Obreros evangélicos, p. 491, adaptado.

La verdadera felicidad será el resultado de todas las negaciones y todas las crucifixiones del yo. Una vez que se ha obtenido una victoria, la siguiente es más fácil de conseguir. […] «Dios, nuestro Salvador, […] quiere que todos se salven» (1 Timoteo 2: 3-4, LPH). Quien tiene la luz y las oportunidades; si las aprovecha, vencerá. […] Cuando alguien se esfuerza día tras día, con sinceridad, por vencer los defectos de su carácter, recibe a Cristo en el templo de su corazón y la luz de Cristo está en él. Los brillantes rayos de la luz del rostro de Cristo elevan y ennoblecen todo su ser; la paz del cielo inunda su alma — Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 339-340.

«He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.

Por lo demás; me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida». 2 Timoteo 4: 7-8

MI RELEXIÓN PERSONAL

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UNA RELIGIÓN RADIANTE

Reflexiones diarias para una vida cristana feliz

Elena G. de White

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