30 de enero | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Los ángeles sirven a los salvos

«Los ángeles solo son sirvientes, espíritus enviados para cuidar a quienes heredarán la salvación». Hebreos 1:14, NTV

DIOS TIENE ÁNGELES cuya única tarea consiste en atraer a los que serán herederos de la salvación. […] La obra de la hueste angélica consiste en retener los poderes de Satanás.— Manuscrito 17, 1893.
El ministerio de esos seres celestiales consiste en preparar a los habitantes de este mundo para que lleguemos a ser hijos de Dios, puros, santos e incontaminados. Pero los humanos, aunque se digan seguidores de Cristo, no tienen la capacidad de comprender el ministerio angélico, y por eso dificultan la labor de estos mensajeros celestiales. Los ángeles, que, según dijo Jesús, «ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos» (Mat. 18:10), preferirían permanecer junto a Dios, en la atmósfera pura y santa. Debe, no obstante, hacerse una obra que consiste en acercar la atmósfera celestial a las almas que están siendo tentadas y probadas, a fin de que Satanás no las descalifique para el lugar que Dios quiere que ocupen en las cortes celestiales. Todos los poderes celestiales se combinan con los ángeles en su servicio en favor de los que serán herederos de la salvación.— Review and Herald, 4 de julio de 1899.
Los ángeles, que harán por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos, esperan nuestra cooperación, esperan que respondamos a la atracción de Cristo. Acerquémonos pues a Dios y los unos a los otros. Mediante nuestros deseos, nuestras oraciones silenciosas, nuestra resistencia a los instrumentos satánicos, ponen nuestra voluntad de parte de la de Dios. Mientras tengamos el deseo de resistir al diablo, y oremos sinceramente diciendo: «Líbranos de la tentación», tendremos fortaleza para cada día.
La labor de los ángeles consiste en acercarse a los probados, tentados y dolientes. Ellos están en permanente e incansable acción para salvar a las almas por las cuales Cristo murió.— Review and Herald, 4 de julio de 1899.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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