30 de diciembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Reinaremos con el Rey de reyes

«Yo reprendo y corrijo a los que amo. Por eso, vuélvete a Dios y obedécelo completamente. Yo estoy a tu puerta, y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa y cenaré contigo. Los que triunfen sobre las dificultades, y mantengan su confianza en mí, reinarán conmigo, así como yo he triunfado y ahora reino con mi Padre». Apocalipsis 3: 19-21, TLA

CON ESAS PALABRAS SE NOS ENCOMIENDA a cada uno de nosotros una tarea personalizada. Hemos de hacer perseverantes y firmes esfuerzos para vencer como Cristo venció. A nadie se lo exime de librar este combate. Si queremos que las puertas de la santa ciudad se abran para nosotros, si anhelamos contemplar al Rey en su hermosura, debemos vencer ahora como Cristo venció. […]
Cristo dejó a un lado sus vestiduras reales y su autoridad suprema. «Ya conocen cuál fue la generosidad de nuestro Señor Jesucristo: siendo rico como era, se hizo pobre por ustedes para enriquecerlos con su pobreza» (2 Cor. 8: 9, RVC) y pudieran llegar a poseer una herencia inmortal. Hizo frente y venció al príncipe de las tinieblas en nuestro beneficio. […]
La lección de dominio propio debería comenzar con el niño en los brazos de su madre. Debería enseñársele que su voluntad tiene que ser sometida a la de Dios. […] ¿Quiénes son esos niños confiados a nuestro cuidado? Los miembros más jóvenes de la familia del Señor. Él dice: «Tomen a esos niños y edúquenlos […] para que sean pulidos como las piedras de un palacio, preparados para brillar en los atrios de mi casa». ¡Qué trascendental misión esta! […]
Recordemos que el Creador del universo nos apoyará en nuestra labor. Confiados en su fortaleza, y por su nombre, podremos educar a nuestros niños de tal modo que lleguen a ser vencedores. Hemos de enseñarles a buscar poder en Dios. Digámosles que él oye sus oraciones. Hemos de enseñarles a vencer con el bien el mal, a ejercer una influencia que eleve y ennoblezca. Hemos de educarlos en la Palabra de Dios, y entonces tendrán poder para resistir las más duras tentaciones. Y así recibirán la recompensa del vencedor.— Review and Herald, 9 de julio de 1901.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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