3 de octubre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Andando como él anduvo

«Por tanto, vivan en el Señor Jesucristo de la manera que lo recibieron». Colosenses 2: 6, RVC

ESTAMOS LUCHANDO POR LA CORONA de gloria. […] Vivamos para agradar al que nos ha considerado de tanto valor que entregó a Jesús, su Hijo unigénito, para salvamos de nuestros pecados. […]
Tengamos siempre en mente la idea de que lo que es digno de ser hecho, es digno de ser bien hecho. Dependamos de Dios para obtener sabiduría, de modo que no desanimemos a nadie en ningún aspecto. Hemos de actuar con Cristo en la conducción de las almas hacia él. […] Concluyamos todo lo que emprendamos de la mejor manera posible. Jesús es nuestro Salvador y confiemos en él para que nos ayude cada día, de modo que no sembremos cizaña, sino la buena simiente del reino. […]
Hemos de aprender a ver con los ojos mentales tanto como con físicos. Es preciso educar el juicio para que no sea débil ni falto de eficacia; y orar en busca de dirección para confiar nuestros caminos al Señor. Debemos cerrar el corazón a toda necedad y pecado, y abrirlo a toda influencia celestial. Tenemos que emplear la mayor parte del tiempo y las oportunidades en el desarrollo de un carácter íntegro. […]
«En Cristo [a ustedes] Dios les hace experimentar todo su poder, pues Cristo es cabeza de todos los seres espirituales que tienen poder y autoridad». «Por eso, habiendo recibido a Jesucristo como su Señor, deben comportarse como quienes pertenecen a Cristo» (Col. 2: 6-10, DHH). Esto significa que necesitamos conocer la vida de Cristo mucho más a fondo de lo que se hace al estudiar materias comunes, ya que los intereses eternos son más importantes que los conocimientos temporales.
Si apreciamos el valor y la santidad de las realidades eternas, aportaremos nuestros pensamientos más claros, nuestras mejores energías a la solución del problema que implica el eterno bienestar; porque cualquier otro interés desaparece en la insignificancia en comparación con ese.— The Youth’s Instructor, 17 de mayo de 1894.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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