3 de junio | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | El consejo del amigo alegra

«El perfume y el incienso alegran el corazón; la dulzura de la amistad fortalece el ánimo». Proverbios 27: 9, JVT7

A TODOS LES VAN MAL LAS COSAS de vez en cuando; la tristeza y el desánimo oprimen a todo el mundo. Entonces una presencia personal, un amigo que consuele e imparta fortaleza, desvía los dardos del enemigo que estaban destinados a destruimos.

No existe ni la mitad de los amigos cristianos que debiera haber. En los momentos de tentación, en las crisis, ¡de cuánto valor es un verdadero amigo! En esas situaciones Satanás envía sus instrumentos para que los pies vacilantes tropiecen; pero los verdaderos amigos dispuestos a aconsejar, impartirán esperanza, esa confianza tranquilizadora que levanta el ánimo. ¡Esa ayuda es de más valor que las perlas preciosas!.— Carta 7, 1883.

Desde su niñez, la de Samuel fue una vida de piedad y devoción. Puesto bajo el cuidado de Eli desde niño, su buen carácter atrajo el cálido afecto del anciano sacerdote. Samuel era amable, generoso, diligente, obediente y respetuoso. […] Era de admirar que entre Eli, el más reputado dirigente de la nación, y aquel jovencito, pudiera haberse dado una amistad tan profunda. Samuel era voluntarioso y afectuoso, y ningún padre amó más tiernamente a su hijo como Eli a aquel muchacho.— Sigas of the Times, 19 de octubre de 1888.

Un intenso apretón de manos, como una actitud servicial de un verdadero amigo, tiene más valor que el oro y la plata.— Carta 16, 1886.

 

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS

Elena G. de White

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