3 de diciembre | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | Los impíos reconocen la justicia de Dios

Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. Romanos 14:10, 11.

Como fuera de sí, los impíos han contemplado la coronación del Hijo de Dios. Ven en las manos de él las tablas de la ley divina, los estatutos que ellos despreciaron y transgredieron. Son testigos de la explosión de admiración, arrobamiento y adoración de los redimidos; y… todos exclaman a una voz: “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos”. Apocalipsis 15:3. Y cayendo prosternados, adoran al Príncipe de la vida.
Satanás parece paralizado al contemplar la gloria y la majestad de Cristo. El que en otro tiempo fue uno de los querubines cubridores, recuerda de dónde cayó. El que fue serafín resplandeciente, “hijo de la aurora”, ¡cuán cambiado se ve, y cuán degradado!
Está excluido para siempre del consejo en que antes se lo honraba. Ve ahora a otro que, junto al Padre, vela su gloria. Ha visto la corona colocada sobre la cabeza de Cristo por un ángel de elevada estatura y majestuoso continente, y sabe que la posición exaltada que ocupa este ángel habría podido ser la suya.
Recuerda la mansión de su inocencia y pureza… Al considerar Satanás su reino y los frutos de sus esfuerzos, solo ve fracaso y ruina… Pero llegó el momento en que la rebelión debe ser sofocada finalmente y puestos en evidencia la historia y el carácter de Satanás. El archiengañador ha sido desenmascarado por completo en su último gran esfuerzo para destronar a Cristo, destruir a su pueblo y apoderarse de la ciudad de Dios. Los que se han unido a él se dan cuenta del fracaso total de su causa… Ahora se vuelve objeto de execración universal.
Satanás ve que su rebelión voluntaria lo incapacitó para el cielo. Ejerció su poder guerreando contra Dios; la pureza, la paz y la armonía del cielo serían para él suprema tortura. Sus acusaciones contra la misericordia y la justicia de Dios están ya acalladas. Los vituperios que procuró lanzar contra Jehová recaen enteramente sobre él. Y ahora Satanás se inclina y reconoce la justicia de su sentencia.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 727, 728.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White

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