29 de septiembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Alabados sean los siervos

«Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!”». Mateo 25: 21

EL SEÑOR ESTÁ DISPUESTO a hacer grandes cosas por nosotros. No ganare- mos la victoria por el número, sino por la plena sumisión del corazón a Jesús. Hemos de salir con su fortaleza, confiando en el poderoso Dios de Israel. […]
Es esencial que poseamos un conocimiento inteligente de la verdad; si no, ¿cómo podríamos hacer frente a sus astutos oponentes? Hay que estudiar la Biblia, no solamente por las doctrinas que enseña, sino por sus lecciones prácticas.
Nunca debiéramos ser tomados por sorpresa, nunca debiéramos estar sin la armadura bien ceñida. Hemos de estar preparados para cualquier emergencia, para cualquier llamamiento al deber. Esperemos, estando atentos a toda oportunidad que se nos ofrezca de predicar el evangelio, familiarizados con las profecías y con las enseñanzas de Cristo.
No confiemos, sin embargo, en argumentos bien preparados. Ningún argumento por sí solo no es suficiente. Hemos de buscar de rodillas a Dios, y salir al encuentro de las almas imbuidos del poder y la influencia de su Espíritu. […] El Señor encontrará los hombres y las mujeres que estén plenamente preparados, como lo estuvieron los que formaron el ejército de Gedeón.— Review and Herald, lo de julio de 1884-
En el día de la recompensa final, cuando se dé a cada uno la recompensa de acuerdo con sus obras, tendremos el gozo de ver almas redimidas que fueron llevadas a Cristo por nuestro intermedio, que nos dirán: «Tú me ayudaste a levantarme». Y el Maestro nos dirá: «Bien, buen siervo y fiel. […] Entra en el gozo de tu Señor» (Mat. 25: 21).— Carta 348, 1908.
El Señor mantiene un registro completo de sus obreros, y en la historia bíblica nos da los nombres de algunos de ellos. Entre los que fueron mayordomos fieles, tenemos a Abraham, José, Moisés, Elias, Daniel, Nehemías, Juan y Pablo. […] Los obreros de la viña del Señor tienen el ejemplo de los buenos y laboriosos obreros de todos los siglos para que les sirva de estímulo. Cuentan, para cobrar ánimo, con el amor de Dios, el ministerio de los ángeles, el apoyo de Jesús, y la esperanza de ganar preciosas almas que brillarán gozosamente como estrellas en su corona.— Review and Herald, 6 de enero de 1885.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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