29 de septiembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | La influencia personal es poder

Eres… fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano. Cantares 4:12,15.

Es por el trato personal cómo los hombres son alcanzados por el poder salvador del Evangelio. No se salvan como muchedumbres, sino individualmente. La influencia personal es un poder. Debe obrar con la influencia de Cristo, elevar donde Cristo eleva, impartir los principios correctos y detener el progreso de la corrupción del mundo. Debe difundir la gracia que únicamente Cristo puede impartir. Debe elevar y endulzar la vida y el carácter de los demás por el poder de un ejemplo puro unido con una fe y un amor fervientes…
Por medio del pecado, queda desordenado todo el organismo humano, la mente se pervierte, la imaginación se corrompe; las facultades del alma se degradan. Hay en el corazón ausencia de religión pura y santidad. El poder convertidor de Dios no obró para transformar el carácter. El alma queda débil, y por falta de fuerza moral para vencer, se contamina y se degrada.
Para el corazón que llega a purificarse, todo cambia. La transformación del carácter es para el mundo el testimonio de que Cristo mora en el creyente. Al sujetar los pensamientos y deseos a la voluntad de Cristo, el Espíritu de Dios produce nueva vida en el hombre y el hombre interior queda renovado a la imagen de Dios. Hombres y mujeres débiles y errantes demuestran al mundo que el poder redentor de la gracia puede desarrollar el carácter deficiente en forma simétrica, para hacerle llevar abundantes frutos.
El corazón que recibe la palabra de Dios no es un estanque que se evapora ni es una cisterna rota que pierde su tesoro. Es como el arroyo de las montañas, alimentado por manantiales inagotables, cuyas aguas frescas y chispeantes saltan de roca en roca, refrigerando a los cansados, sedientos y cargados. Es como un río que fluye constantemente, y a medida que avanza se va haciendo más ancho, hasta que sus aguas vivificantes se extienden por toda la tierra…
Así también sucede con el verdadero hijo de Dios. La religión de Cristo se revela como principio vivificante, como una energía espiritual viva y activa que lo compenetra todo. Cuando el corazón se abre a la influencia celestial de la verdad y del amor, estos principios vuelven a fluir como arroyos en el desierto, y hacen fructificar lo que antes parecía árido y sin vida.
Mientras los que han sido purificados y santificados por un conocimiento de la verdad bíblica se dediquen cordialmente a la obra de salvar almas, llegarán a ser un sabor de vida para vida. Y mientras beban diariamente de la fuente inagotable de la gracia y el conocimiento, encontrarán que su propio corazón llega a rebosar del Espíritu de su Maestro, y que por su abnegado ministerio muchos son beneficiados física, mental y espiritualmente. Los cansados quedan refrigerados, los enfermos recobran la salud, y encuentran alivio los que estaban cargados de pecado.—Profetas e Reis, 174-176.

DEVOCIONAL EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

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