29 de noviembre | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | Cristo es el juez


El Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo. Juan 5:22.

Al impartir sus enseñanzas, Cristo procuró impresionar a los hombres con la certeza y el carácter público del juicio venidero. No es el juicio de unos pocos individuos o aun de una nación, sino del conjunto total de inteligencias humanas, de seres responsables. Se llevará a cabo en presencia de los otros mundos, para que el amor, la integridad y el servicio del hombre a Dios puedan ser honrados supremamente. Allí no faltarán ni la gloria ni el honor… La ley de Dios será revelada en su majestad; y los que hayan asumido una actitud de desafiante rebelión contra sus santos preceptos, comprenderán que la ley que desecharon, menospreciaron y hollaron bajo sus pies, es la norma de Dios para evaluar el carácter…
Por este mundo minúsculo el universo manifiesta su mayor interés, porque Jesús pagó un precio infinito por las almas de sus habitantes… Dios encomendó todo el juicio al Hijo porque sin duda él es Dios manifestado en carne.
Dios decidió que el Príncipe de los sufrientes entre los humanos fuera el Juez de todo el mundo. El que vino desde las cortes celestiales a salvar al hombre de la muerte eterna;… el que se sometió a comparecer ante un tribunal terrenal y sufrió la ignominiosa muerte de cruz, solo él ha de pronunciar la sentencia que determine la recompensa o el castigo. El que se sometió aquí al sufrimiento y la humillación de la cruz, tendrá en el consejo de Dios la más amplia compensación, y ascenderá al trono reconocido por todo el universo celestial como Rey de los [352] santos. Él emprendió la obra de la salvación y demostró ante los mundos no caídos y la familia celestial que era capaz de terminar la obra que comenzó…
En ese día de castigo y recompensa definitivos, tanto los santos como los pecadores reconocerán en el que fue crucificado al Juez de todos los vivientes… Se nos concede un tiempo de prueba; se nos dan oportunidades y privilegios a fin de que afirmemos nuestra vocación y elección. ¡Cuánto deberíamos valorar este tiempo precioso y aprovechar cada talento que Dios nos ha dado para ser fieles administradores de nosotros mismos!
Solemne será el día de la decisión final.—The Review and Herald, 22 de noviembre de 1898.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White
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