29 de agosto | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | No la soltemos nunca

«¡Sus enemigos estarán dentro de su propia casa! Si amas a tu padre o a tu madre más que a mí, no eres digno de ser mío; si amas a tu hijo o a tu hija más que a mí, no eres digno de ser mío. Si te niegas a tomar tu cruz y a seguirme, no eres digno de ser mío. Si te aferras a tu vida, la perderás; pero, si entregas tu vida por mí, la salvarás». Mateo 10:36-39, NTV

Ejemos NUESTRA VISTA en el Calvario hasta que nuestro corazón se enternezca ante el admirable amor del Hijo de Dios. El no dejó nada por hacer a fin de que la humanidad pudiera ser enaltecida y purificada. Y nosotros, ¿no lo confesaremos?
La religión de Cristo, ¿degradará acaso a quien la acepte? Por supuesto que no puede haber degradación siguiendo en las pisadas del Hombre del Calvario.
Día tras día sentémonos a los pies de Jesús y aprendamos de él, para que nuestra conversación, nuestra conducta, nuestra vestimenta y en todos nuestros asuntos, podamos revelar el hecho de que Jesús nos dirige y reina en nosotros. El Señor nos llama para que nos mantengamos en la senda que ha sido trazada para los redimidos por él. No hemos de conformamos con el mundo sino rendir todo a Dios, y confesar a Cristo ante nuestros prójimos. […]
«El que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará» (Mat. 10: 38, 39, RV60). Debemos a diario negamos a nosotros mismos, y enarbolar la cruz y seguir en las pisadas del Maestro. […]
Me alegro de que no se haya terminado el tiempo de gracia. Caigamos sobre la Roca y quebrantémonos en el nombre de Jesucristo. Confesemos a Cristo ante los demás mediante la mansedumbre, el amor, expresiones piadosas y un espíritu compasivo.
¡Ojalá lleguemos todos a la situación en que el Señor pueda revelar su gloria como la reveló en Jerusalén cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre el pueblo!.— Re- vieui and Herald, 10 de mayo de 1892.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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