29 de abril | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | Un fundamento firme

Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. 2 Timoteo 2:19.

El Señor tendrá un pueblo tan leal como el acero y de fe tan firme como el granito. Sus miembros han de ser sus testigos en el mundo, instrumentos que han de realizar una obra especial y gloriosa en el día de su preparación…
Los ministros que han predicado la verdad con todo celo y fervor pueden apostatar y unirse a las filas de nuestros enemigos; acaso ¿transforma esto la verdad de Dios en mentira? “Pero—dice el apóstol—el fundamento de Dios está firme”… Pueden cambiar la fe y los sentimientos de los hombres; pero nunca la verdad de Dios…
Es tan cierto que tenemos la verdad como que Dios vive; y Satanás, con todas sus artes y todo su poder infernal, no puede cambiar la verdad de Dios en mentira. Aunque el gran adversario procure anular hasta lo sumo la Palabra de Dios, la verdad fulgurará como una lámpara encendida.
El Señor nos ha elegido, y nos ha hecho objetos de su misericordia maravillosa. ¿Nos dejaremos hechizar por las charlas de los apóstatas? ¿Nos colocaremos de parte de Satanás y de su hueste? ¿Nos uniremos con los transgresores de la ley de Dios? Sea más bien nuestra oración: “Señor, pon enemistad entre mí y la serpiente”. Si no estamos en enemistad con sus obras tenebrosas, nos circundarán sus poderosos brazos, y su aguijón estará listo para penetrar en cualquier momento hasta nuestro corazón. Debemos tenerle por enemigo mortal. Debemos oponernos a él en nombre de Cristo. Nuestra obra consiste en seguir adelante. Debemos defender cada pulgada de terreno. Todos los que llevan el nombre de Cristo revístanse de la armadura de justicia.—Joyas de los Testimonios 1:590, 591.
Ha llegado la hora en que debemos saber por nosotros mismos por qué creemos lo que creemos… Debemos revestirnos de la justicia de Cristo si queremos resistir la impiedad reinante. Debemos mostrar nuestra fe con nuestras obras. Dispongamos para nosotros un buen cimiento contra los tiempos que vendrán para poder conservar la vida eterna. Debemos trabajar, no según nuestras fuerzas, sino con la fuerza de nuestro Señor resucitado. ¿Qué no haremos por Cristo?—Testimonies for the Church 4:589, 590.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White

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