28 de septiembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | Ezequías se humilló a sí mismo

Ezequías, después de haberse enaltecido su corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalén; y no vino sobre ellos la ira de Jehová en los días de Ezequías. 2 Crónicas 32:26.

Lleno de remordimiento, “Ezequías, después de haberse engreído su corazón, se humilló”… Pero la mala semilla había sido sembrada, y con el tiempo iba a brotar y producir una cosecha de desolación y desgracia. Durante los años que le quedaban por vivir, el rey de Judá iba a disfrutar mucha prosperidad debido a su propósito firme de redimir lo pasado y honrar el nombre del Dios a quien servía. Sin embargo, su fe iba a ser probada severamente; e iba a aprender que únicamente si ponía toda su confianza en Jehová podía esperar triunfar sobre las potestades de las tinieblas que estaban maquinando su ruina y la destrucción completa de su pueblo.
El relato de cómo Ezequías no fue fiel a su cometido en ocasión de la visita de los embajadores contiene una lección importante para todos. Necesitamos hablar mucho más de los capítulos preciosos de nuestra experiencia, de la misericordia y bondad de Dios, de las profundidades incomparables del amor del Salvador. Cuando la mente y el corazón rebosen de amor hacia Dios no resultará difícil impartir lo que encierra la vida espiritual. Entonces grandes pensamientos, nobles aspiraciones, claras percepciones de la verdad, propósitos abnegados y anhelos de piedad y santidad hallarán expresión en palabras que revelen el carácter de lo atesorado en el corazón.
Aquellos con quienes nos asociamos día tras día necesitan nuestra ayuda, nuestra dirección. Pueden hallarse en tal condición mental que una palabra pronunciada en sazón será como un clavo puesto en lugar seguro. Puede ser que mañana algunas de esas almas se hallen donde no se las pueda alcanzar. ¿Qué influencia ejercemos sobre esos compañeros de viaje?
Cada día de la vida está cargado de responsabilidades que debemos llevar. Cada día, nuestras palabras y nuestros actos hacen impresiones sobre aquellos con quienes tratamos. ¡Cuán grande es la necesidad de que observemos cuidadosamente nuestros pasos y ejerzamos cautela en nuestras palabras! Un movimiento imprudente, un paso temerario, pueden levantar olas de gran tentación que arrastrarán tal vez a un alma. No podemos retirar los pensamientos que hemos implantado en las mentes humanas…
Por otro lado, si nuestro ejemplo ayuda a otros a desarrollarse de acuerdo con los buenos principios, les comunicamos poder para hacer el bien. Así centenares y millares recibirán ayuda de nuestra influencia inconsciente. El que sigue verdaderamente a Cristo fortalece los buenos propósitos de todos aquellos con quienes trata. Revela el poder de la gracia de Dios y la perfección de su carácter ante un mundo incrédulo que ama el pecado.—La Historia de Profetas y Reyes, 257-258.

DEVOCIONAL EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

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