28 de noviembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Una percepción cada vez más clara de la verdad

«El Señor le dijo a Moisés: “Tan cierto es que te has ganado mi favor, y que te conozco por nombre, que voy a hacer lo que me has pedido”. Entonces Moisés dijo: “Te ruego que me muestres tu gloria”». Exodo 33: 17-18, RVC

ES PRIVILEGIO NUESTRO ELEVARNOS MÁS Y MÁS en busca de una percepción más clara del carácter de Dios. Cuando Moisés oró diciendo: «Te suplico que me muestres tu gloriosa presencia» (Éxo. 33: 18, NTV), el Señor no lo ingnoró, sino que le concedió lo que le pedía. El Señor declaró a su siervo: «Yo soy muy bondadoso con quien quiero serlo. Así que voy a mostrarte todo mi esplendor, y voy a darte a conocer mi nombre» (vers. 19, TLA).
El pecado embota nuestro cerebro y ofusca nuestras percepciones. Cuando el pecado es eliminado de nuestro corazón, la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el divino rostro de Jesucristo, que ilumina su Palabra y se refleja en la naturaleza, declarará en forma más y más clara que Dios es «clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor y fidelidad» (Éxo. 34: 6, NVI). En su luz veremos luz, hasta que la mente, el corazón, y todo el ser, estén transformados a la imagen de su santidad.
Para quienes se afianzan en las divinas seguridades de la Palabra de Dios, las posibilidades son inmensas. Ante ellos se extienden vastos campos de conocimiento, inagotables recursos de poder. Verdades gloriosas serán reveladas. Descubrirán en la Biblia privilegios y deberes que ni siquiera imaginaron. Cuantos anden por el camino de la humilde obediencia, cumpliendo el propósito de Dios, irán conociendo cada vez mejor las verdades divinas. […]
La fe inspirada por Dios comunica fuerza y nobleza de carácter. Al espaciarse en su bondad, su misericordia y su amor, la percepción de la verdad será cada vez más clara; el deseo de la pureza de corazón y de la claridad de pensamiento será también más elevado y santo. Al morar el alma en esa esfera pura del pensamiento santo, se transforma por su comunión con Dios mediante el estudio de su Palabra. La verdad es tan amplia, de tanto alcance, tan profunda y tan penetrante, que el ser humano se anonada. El corazón se enternece y se rinde a la humildad, la bondad y el amor. Las facultades naturales también mejoran con resultado de la santa obediencia.— El ministerio de curación, cap. 39, pp. 334-335.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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