28 de mayo | Una religión radiante | Elena G. de White | La iglesia terrenal y la celestial

«Así dice el Señor Todopoderoso: “Para Judá, los ayunos dé los meses cuarto, quinto, séptimo y décimo, serán motivo de gozo y de alegría, y de animadas festividades. Amen, pues, la verdad y la paz». Zacarías 8: 19, NVI

NUESTRAS REUNIONES DEBEN resultar todas lo más interesantes posible, tienen que estar impregnadas de una genuina atmósfera celestial — Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 573.

Las reuniones espirituales han de ser realizadas con la máxima solemnidad y reverencia, y se les ha de añadir, hasta donde sea posible, todo aquello que las haga agradables. No debe alargarse en exceso de modo que resulten tediosas, ya que la impresión que quedará en la mente de los jóvenes los haría asociar la religión con algo aburrido y desprovisto de interés; además induciría a decidirse por el partido del enemigo a muchos que, si recibieran una buena formación, llegarían a beneficiar al mundo y a la iglesia. […] Las reuniones de testimonios y todos los demás servicios religiosos debieran ser preparados y dirigidos de tal modo que no solo sean provechosos sino tan agradables que resulten positivamente atrayentes. […]

La iglesia de Dios en la tierra es una con la iglesia de Dios en el cielo. Los creyentes de la tierra y los habitantes del cielo que nunca han caído constituyen una única congregación. Todos los seres celestiales están interesados en las asambleas de los santos que en la tierra se congregan para adorar a Dios. En el atrio interior del cielo, escuchan el testimonio que dan los testigos de Cristo en el atrio exterior de la tierra. Las alabanzas de los adoradores de este mundo hallan su complemento en los cánticos celestiales, y el loor y el regocijo repercuten por todos los atrios celestiales, pues Cristo no murió en vano por los caídos hijos de Adán. Mientras que los ángeles se sacian en la fuente de origen, los santos de la tierra beben los raudales puros que fluyen del trono y alegran la ciudad de nuestro Dios.— Ibíd., t. 6, pp. 178, 366-367.

MI RELEXIÓN PERSONAL

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UNA RELIGIÓN RADIANTE

Reflexiones diarias para una vida cristana feliz

Elena G. de White

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