28 de enero | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Habla a los que escuchan

«¡El que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias!». Apocalipsis 2: 29, DHH

CÓMO PUEDE ALGUIEN llegar a ser semejante a Jesús, es algo que está más allá de nuestra capacidad de comprensión. No obstante, el Espíritu Santo puede fortalecer nuestra visión espiritual, capacitándonos para percibir lo que no alcanzan a ver nuestros ojos naturales, ni captar nuestros oídos, ni comprender nuestra inteligencia. «Por el Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios» (1 Cor. 2: 10), han sido reveladas sublimes verdades que no se pueden describir ni de palabra ni por escrito.— Carta 49, 1896.
Los seres humanos que se sometan al Espíritu Santo, serán dotados de un nuevo principio de vida: la imagen perdida de Dios. […] Pero nadie puede transformarse a sí mismo por el ejercicio de la voluntad; ningún ser humano posee el poder capaz de obrar ese cambio. La levadura, algo completamente externo, debe ser colocada en el interior de la harina antes de que el cambio deseado pueda operarse. Así la gracia de Dios debe ser recibida por el pecador antes de que pueda ser hecho apto para el reino de gloria.
Toda la cultura y la educación que el mundo pueda proporcionar, no podrán convertir a una criatura degradada por el pecado en un hijo del cielo. La energía renovadora debe venir de Dios. El cambio puede ser efectuado únicamente por el Espíritu Santo. Todos los que quieran ser salvos, sean encumbrados o humildes, ricos o pobres, tienen que someterse a la acción de este poder.— Palabras de vida del gran Maestro, cap. 7, p. 69.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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