28 de abril | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | Celo equivocado

Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Romanos 10:2.

Hay un celo ruidoso, sin objeto ni propósito, que no obra de acuerdo con el conocimiento, sino que actúa ciegamente y, como resultado, destruye. No es el celo cristiano, pues éste se rige por principios y no es esporádico. Es ferviente, profundo y fuerte, embarga toda el alma y pone en ejercicio la sensibilidad moral. Para él, la salvación de las almas y los intereses del reino de Dios son asuntos de la más alta importancia.* ¿Qué objeto hay que exija mayor fervor que la salvación de las almas y la gloria de Dios? Hay en esto consideraciones que no se pueden pasar por alto livianamente. Son de tanto peso como la eternidad. Los destinos eternos están en juego. Hombres y mujeres se deciden para bien o para mal. El celo cristiano no se agotará en palabrerías, sino que será sensible y actuará con vigor y eficiencia. Sin embargo, el celo cristiano inducirá a orar fervientemente y con humildad, y a la fidelidad en los deberes del hogar. En el círculo del hogar se verá la amabilidad y el amor, la benevolencia y la compasión, que son siempre frutos del celo cristiano…
¡Oh, cuán pocos aprecian el valor de las almas! ¡Cuán pocos están dispuestos a sacrificarse para llevar almas al conocimiento de Cristo! Se habla mucho, se profesa gran amor por las almas que perecen, pero el hablar cuesta poco. Lo que se necesita es ferviente celo cristiano, un celo que se manifieste en obras. Todos deben trabajar ahora para sí mismos, y cuando tengan a Jesús en su corazón, lo confesarán a otros. Más fácil es impedir que las aguas del Niágara se despeñen por las cataratas, que impedir a un alma poseedora de Cristo que lo confiese.—Joyas de los Testimonios 1:234.
La vida eterna debería despertar el más profundo interés en cada cristiano. ¡Ser colaboradores de Cristo y de los ángeles del cielo en el gran plan de salvación! ¡Qué obra puede compararse con ésta! De cada alma salvada llegan hasta Dios dividendos de gloria, que recaen sobre el salvado, y también sobre el que ha sido instrumento de Dios para su salvación.—Testimonies for the Church 2:209, 210.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White

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