27 de septiembre | Mi vida Hoy | Elena G. de White | Participamos de su naturaleza


Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia. (2 Pedro 1:4)

Cada promesa que se encuentra en el libro de Dios nos alienta indicándonos que podemos ser participantes de la naturaleza divina. Tal es la posibilidad: confiar en Dios, creer en su Palabra, hacer sus obras; todo esto podernos hacerlo cuando nos aferramos a la divinidad de Cristo. Esta posibilidad vale más para nosotros que todas las riquezas del mundo. No hay nada en la tierra que pueda comparársele. Cuando de esa manera nos asimos del poder que se nos ofrece, recibimos una esperanza tan poderosa que nos permite confiar plenamente en la promesa divina; y aferrándonos a las posibilidades que hay en Cristo, nos convertimos en hijos de Dios…
Aquel que cree plenamente en Cristo llega a ser un participante de la naturaleza divina, y el poder así recibido le servirá para hacer frente a cualquier tentación. No caerá en la tentación ni será derrotado por falta de ayuda. En los momentos de prueba podrá valerse de las promesas y por medio de ellas escapar de la corrupción que hay en el mundo por concupiscencia…
Para hacernos participantes de la naturaleza divina, el cielo entregó su tesoro más valioso. El Hijo de Dios se quitó su manto real y su corona y descendió a la tierra en la forma de un niño. Resolvió vivir una vida perfecta desde la infancia hasta la madurez. Se comprometió a permanecer como representante del Padre en un Mundo caído. Y hasta moriría en beneficio de la raza caída. ¡Qué obra maravillosa ésta!…No sé cómo presentar estas verdades; son tan maravillosas, tan maravillosas…
Por su vida de sacrificio y muerte vergonzosa consiguió que nos fuera posible participar de su divinidad y escapar de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia…Si sois participantes de la naturaleza divina, día tras día os iréis capacitando para aquella vida que se asemeja a la de Dios. Día tras día purificaréis vuestra confianza en Jesús y seguiréis su ejemplo y creceréis a su semejanza hasta que os presentéis perfectos ante él. (MS 99a, 1908)

DEVOCIONAL MI VIDA HOY
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Elena G. de White
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