27 de septiembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Salvar a los perdidos

«Si alguno de ustedes tiene cien ovejas, y se da cuenta de que ha perdido una, […] cuando la encuentra, […] llama a sus amigos y vecinos,y les dice: “¡Vengan a mi casa y alégrense conmigo!¡Ya encontré la oveja que había perdido!”». Lucas 15: 4’7, TLA

CUANDO JESUS DIJO ESTO se estaba dirigiendo a muchos que conocían por experiencia lo que era la vida de un pastor en Palestina. Allí no se guardan los rebaños en llanos o en cercados, sino en las faldas de las colinas entre despeñaderos y precipicios. […]
Los ladrones y los lobos eran un continuo peligro contra el cual había que proteger a las ovejas. A veces se quedaba fuera del rebaño alguna. Así que las contaban a menudo a fin de estar seguros de que ninguna se había perdido, pues el pastor debía rendir estricta cuenta de todas las ovejas confiadas a su cuidado. […]
La vida de un pastor es una vida llena de peligros. Si es digno de confianza, no será descuidado ni procurará su propia comodidad, sino que irá a buscar la oveja descarriada en medio de la tormenta y la tempestad. […]
Esa es la forma como el Pastor de los pastores trata al pecador perdido. Va tras él; no vacila ni ante el peligro ni la abnegación ni el sacrificio. Está resuelto a traer al alma llena de pecado al arrepentimiento, la salvación, la paz, el descanso y la dicha en el amor del Salvador.
Todo el que ha experimentado el amor de Jesús en su propio corazón, tiene la oportunidad de reflexionar si no habrá alguien a quien, con dedicación individualizada, tacto y cariño, pueda acercar a Jesús, que se halla presto a acoger a todos los que acuden a él.
Todos nosotros podemos alcanzar grandes logros mediante nuestro esfuerzo personal, pues todos podemos ser colaboradores con Cristo.— The Youth’s Instructor, 28 de abril de 1886.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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