27 de mayo | Una religión radiante | Elena G. de White | La alegría de poder dar

«Dé cada uno según le dicte su conciencia pero no a regañadientes o por compromiso, pues Dios ama a quien da con alegría». 2 Corintios 9: 7, LPH

DIOS QUIERE QUE EL OFRENDAR sea puramente voluntario […]. «Dios ama al dador alegre» (2 Cor. 9: 7). No le agrada tener reabastecida su tesorería con recursos que han sido entregados por una imposición. Al regocijarse en la verdad salvadora para este tiempo, los corazones leales de su pueblo, motivados por el amor y la gratitud que sienten por él y por su luz inestimable, desearán ardientemente ayudar con sus medios para transmitir la verdad a otros. La mejor manera por la cual expresamos nuestro amor al Redentor es dando ofrendas para traer almas al conocimiento de la verdad. El plan de salvación fue enteramente voluntario de parte de nuestro Redentor, y es el propósito de Cristo que toda nuestra benevolencia consista en ofrendas de buena voluntad.— Testimonios para ¡a

iglesia, t. 3, pp. 453-454-

La prosperidad espiritual está estrechamente vinculada con la generosidad cristiana. Los seguidores de Cristo deben sentirse felices de tener el privilegio de revelar en sus vidas el amor de su Redentor. Mientras dan para el Señor, tienen la seguridad de que sus tesoros van delante de ellos a los atrios celestiales. ¿Quiere alguien asegurar su propiedad? Colóquela entonces en las manos que llevan las cicatrices de la crucifixión. ¿Quiere gozar de sus bienes? Uselos entonces para beneficio del necesitado y doliente. ¿Quiere alguien aumentar sus posesiones? Atienda entonces la orden divina: «Demuéstrale a Dios que para ti él es lo más importante. Dale de lo que tienes y de todo lo que ganes; así nunca te faltará ni comida ni bebida» (Prov. 3: 9-10, TIA). Procuren retener sus posesiones para fines egoístas, y provocarán su ruina eterna. Pero entreguen sus tesoros a Dios, y desde ese momento llevarán estos su inscripción; llevarán el indeleble sello celestial — Los hechos de los apóstoles, cap. 32, p. 255.

MI RELEXIÓN PERSONAL

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UNA RELIGIÓN RADIANTE

Reflexiones diarias para una vida cristana feliz

Elena G. de White

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