27 de mayo | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | Las buenas obras continúan durante el sábado

Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Juan 5:16, 17.

En Jerusalén, donde el Salvador estaba ahora, vivían muchos de los sabios rabinos. Aquí enseñaban sus falsas ideas al pueblo respecto al sábado. Grandes muchedumbres venían a adorar al templo, y así las enseñanzas de los rabinos eran difundidas ampliamente. Cristo deseaba corregir esos errores. Esta es la razón por la cual sanó al hombre en día sábado, y le pidió que llevara su cama. Él sabía que este acto atraería la atención de los rabinos, y le daría a él la oportunidad de instruirlos. Y así resultó. Los fariseos trajeron a Cristo ante el Sanedrín, el principal concilio de los judíos, para responder al cargo de quebrantar el sábado.
El Salvador declaró que su acción estaba de acuerdo con la ley del sábado. Estaba en armonía con la voluntad y la obra de Dios. “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”, dijo Jesús.
Dios obra continuamente para sostener todas las cosas vivas. ¿Había de cesar su obra en el sábado? ¿Debía Dios impedir que el sol cumpliese su función en el sábado? ¿Impediría que sus rayos calentaran la tierra y nutrieran la vegetación? ¿Debían los arroyos y las olas del mar detener su constante movimiento? ¿Debían el trigo y el maíz detener su continuo crecimiento, y los árboles y las flores dejar de florecer en sábado?
La gente entonces perdería los frutos de la tierra, y las bendiciones que sostienen la vida. La naturaleza debía continuar su obra, o los mortales morirían. Y también ellos tenían una obra que hacer en este día. Las necesidades de la vida debían ser atendidas, los enfermos debían ser cuidados, las necesidades de los menesterosos debían ser suplidas. Dios no desea que sus criaturas sufran una hora de dolor que pueda ser aliviado en sábado o en cualquier otro día.
La obra del cielo nunca cesa, y nunca debemos descansar de hacer el bien. Lo que la ley nos prohíbe hacer en el día de descanso del Señor es nuestra propia obra.
El trabajo para ganarnos la vida debe cesar. Ninguna labor para lograr provecho o placer mundano es lícita en este día. Pero el sábado no ha de ser usado en una actividad inútil. Así como Dios cesó en su obra creadora, y descansó en el sábado, también nosotros hemos de descansar. Nos pide que pongamos a un lado nuestras ocupaciones cotidianas, y dediquemos esas horas sagradas a un descanso saludable, al culto y a acciones santas.—Vida de Jesús, 103-105.

DEVOCIONAL SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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