27 de mayo | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | La perfección de Cristo

«Y habiendo sido perfeccionado, llegó a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen». Hebreos 5: 9, RVA15

NUESTRO SALVADOR MANTUVO la verdadera relación de un ser humano como hijo de Dios. Somos hijos e hijas de Dios. A fin de saber cómo podemos comportamos con prudencia, debemos seguir a Cristo por donde nos conduzca. Durante treinta años vivió la vida de un hombre perfecto, en armonía con la más elevada norma de perfección.— Carta 69, 1857.

Nuestra obra consiste en esforzarnos para obtener en nuestra esfera de acción la perfección que Cristo logró en esta tierra en todo aspecto de su carácter.— El ministerio médico, secc. 13, pp. 335-336.

Para avanzar sin tropezar, hemos de tener la seguridad de que una Mano todopoderosa nos sostendrá, y que una infinita misericordia se ejercerá hacia nosotros si caemos. Nadie más que Dios puede oír en todo momento nuestro clamor por ayuda.

Es muy grave el que se viole en lo más mínimo la conciencia, el dejar de cumplir una sagrada obligación, o la formación de un solo hábito malsano, porque puede tener como resultado, no solamente nuestra propia ruina, sino la ruina de aquellos que han puesto su confianza en nosotros.

Nuestra única seguridad consiste en seguir las pisadas del Maestro por donde él nos conduzca, confiar sin vacilación en la protección del que nos dice: «Sígueme». Nuestra constante oración debiera ser: «Afirma mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen» (Sal. 17: 5).— Signs of the Times, 28 de julio de 1881.

El Hijo de Dios era intachable. Debemos tratar de alcanzar esa perfección, y vencer como él venció, si queremos sentamos alguna vez a su diestra.— Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 368.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS

Elena G. de White

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