27 de agosto | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | Estudiemos el tema del santuario


Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado. Daniel 8:14.

Debemos ser fervientes estudiosos de la profecía; no debiéramos descansar hasta entender plenamente el tema del santuario, que aparece en las visiones de Daniel y de Juan. Este asunto esparce mucha luz sobre nuestro punto de vista actual y nuestra obra, y nos da una prueba irrefutable de que Dios nos ha dirigido en nuestra experiencia pasada. Explica nuestra desilusión de 1844, pues nos muestra que el santuario que debía ser purificado no era la tierra, como habíamos supuesto, sino que Cristo entró entonces en el lugar santísimo del santuario celestial, y allí está realizando la obra final de su misión sacerdotal, en cumplimiento de las palabras que el ángel dirigió al profeta Daniel.—EE, 166.
Se había comprobado que los 2.300 días principiaron cuando entró en vigor el decreto de Artajerjes ordenando la restauración y edificación de Jerusalén, en el otoño del año 457 AC. Tomando esto como punto de partida, había perfecta armonía en la aplicación de todos [255] los acontecimientos predichos en la explicación de ese período hallada en Daniel 9:25-27… Las setenta semanas, o 490 años, les correspondían especialmente a los judíos. Al fin del período, la nación selló su rechazamiento de Cristo con la persecución de sus discípulos, y los apóstoles se volvieron hacia los gentiles en el año 34 de nuestra era. Habiendo terminado entonces los 490 primeros años de los 2.300, quedaban aún 1.810 años. Contando desde el año 34, 1.810 años llegan a 1844. “Entonces—había dicho el ángel—será purificado el santuario”.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 462.
Nuestra fe con referencia a los mensajes del primero, el segundo y el tercer ángeles, era correcta. Los grandes hitos por los cuales hemos pasado son inamovibles. Aunque las huestes del infierno intenten sacarlos de sus fundamentos, y se entusiasmen con la idea de que han tenido éxito, no alcanzarán su objetivo. Estas columnas de la verdad permanecen tan firmes como las colinas eternas, inamovibles a pesar de todos los esfuerzos de los hombres combinados con los de Satanás y sus huestes. Podemos aprender mucho, y debemos estar constantemente escudriñando las Escrituras para ver si estas cosas son así.—EE, 166.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White
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