26 de septiembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Seamos la luz del mundo

«Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse.
Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo». Mateo 5:14-16, NVI

SOLAMENTE DISCERNIREMOS Y DAREMOS su justo valor a nuestro deber, cuando lo sepamos ver a la luz que irradia de la vida de Cristo. De la misma manera como el sol sale por el este y cruza el cielo hacia el oeste, llenando el mundo de luz, así el verdadero seguidor de Cristo será una luz en el mundo. Saldrá al mundo a semejanza de una luz brillante y clara, para que los que están en tinieblas puedan ser alumbrados y puedan recibir el calor de sus rayos. El Señor Jesús dice de sus seguidores: «Ustedes son la luz del mundo» (Mat. 5: 14, NVI).— Review and Herald, 15 de diciembre de 1894.
Los que no actúan guiados por la esperanza, se mantienen bajo una nube de duda. El enemigo todavía no ha muerto, y cuanto más nos acerquemos al final de la historia de este mundo, más se empeñarán los agentes satánicos para mantener a las gentes bajo una nube de duda con el propósito de que la luz celestial no se exprese ni en palabras ni en acciones, llevando así esperanza, gozo y ánimo a otros. […]
El mundo está acelerado y a la vez decepcionado. A nosotros se dirigen las palabras: «Procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo» (Mat. 5: 14, DHH). Las palabras que se hablan en favor del evangelio, dichas con la seguridad que nace de la buena intención, con una alegre esperanza y provenientes de un corazón puro, son palabras que regocijarán a los ángeles.
El Señor anhela disponernos espiritualmente para que podamos ver realizarse su propósito en nuestra vida. Hemos de ser colaboradores con Dios para cumplir la obra que él quiere que sea hecha. Dondequiera que estemos, hemos de reflejar la luz.— Carta 348, 1908.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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