26 de octubre | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | Satanás es atado


Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la
serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Apocalipsis 20:1, 2.

El autor del Apocalipsis predice el destierro de Satanás y el estado caótico y de desolación a que será reducida la Tierra; y declara que este estado de cosas subsistirá por mil años. Después de descritas las escenas de la segunda venida del Señor y la destrucción de los impíos, la profecía prosigue: “Y vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en su mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo”. Apocalipsis 20:1-3.
Según se desprende de otros pasajes bíblicos, es de toda evidencia que la expresión “abismo” se refiere a la Tierra en estado de confusión y tinieblas. Respecto a la condición de la Tierra “en el principio”, la narración bíblica dice que “estaba desordenada y vacía; y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo”. Génesis 1:2. Las profecías enseñan que será reducida, en parte por lo menos, a ese estado. Contemplando a través de los siglos el gran día de Dios, el profeta Jeremías dice: “Miro hacia la tierra, y he aquí que está desolada y vacía; también hacia los cielos miro, mas no hay luz en ellos. Miro las montañas, y he aquí que están temblando, y
todas las colinas se conmueven. Miro, y he aquí qué no parece hombre alguno, y todas las aves del cielo se han fugado. Miro, y he
aquí el campo fructífero convertido en un desierto, y todas las ciudades derribadas”. Jeremías 4:23-26 (VM).
Aquí es donde, con sus malos ángeles, Satanás hará su morada durante mil años. Limitado a la Tierra, no podrá ir a otros mundos para tentar e incomodar a los que nunca cayeron. En este sentido es cómo está atado: No queda nadie en quien pueda ejercer su poder. Le es del todo imposible seguir en la obra de engaño y ruina que por tantos siglos fue su único deleite.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 716, 717.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White
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