26 de noviembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | Cuando Cristo viene trae la recompensa consigo

Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío. Salmos 35:24.

Cuando el rey vino a ver a los convidados, se reveló el verdadero carácter de todos. Para cada uno de los convidados a la fiesta se había provisto un vestido de boda. Este vestido era un regalo del rey. Al usarlo, los convidados mostraban su respeto por el dador de la fiesta. Pero un hombre estaba aún vestido con sus ropas comunes. Había rehusado hacer la preparación requerida por el rey. Desdeñó usar el manto provisto para él a gran costo. De esta manera insultó a su señor. A la pregunta del rey: “¿Cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda?” no pudo contestar nada. Se condenó a sí mismo. Entonces el rey dijo: “Atado de pies y manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera”.
El examen que de los convidados a la fiesta hace el rey, representa una obra de juicio. Los convidados a la fiesta del Evangelio son aquellos que profesan servir a Dios, aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida. Pero no todos los que profesan ser cristianos son verdaderos discípulos. Antes que se dé la recompensa final, debe decidirse quiénes son idóneos para compartir la herencia de los justos. Esta decisión debe hacerse antes de la segunda venida de Cristo en las nubes del cielo; porque cuando él venga, traerá su galardón consigo “para recompensar a cada uno según fuere su obra”. Apocalipsis 22:12. Antes de su venida, pues, habrá sido determinado el carácter de la obra de todo hombre, y a cada uno de los seguidores de Cristo le habrá sido fijada su recompensa de acuerdo con sus obras.
Mientras los hombres moran todavía en la tierra se verifica la obra del juicio investigador en los atrios del cielo. Delante de Dios pasa el registro de la vida de todos sus profesos seguidores. Todos son examinados según lo registrado en los libros del cielo, y según sus hechos queda para siempre prefijado el destino de cada uno.
El vestido de boda de la parábola representa el carácter puro y sin mancha que poseerán los verdaderos seguidores de Cristo. A la iglesia “le fue dado que se vista de lino fino, limpio y brillante”, “que no tuviese mancha, ni arruga, ni cosa semejante”. El lino fino, dice la Escritura, “son las justificaciones de los santos”. Apocalipsis 19:8; Efesios 5:27. Es la justicia de Cristo, su propio carácter sin mancha, que por la fe se imparte a todos los que lo reciben como Salvador personal… Cristo colocará este manto, esta ropa de su propia justicia sobre cada alma arrepentida y creyente.—Palabras de Vida del Gran Maestro, 251-253.

DEVOCIONAL ADVENTISTA
EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

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