26 de mayo | Dios nos cuida | Elena G. de White | El motivo de la obediencia

Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. 1 Juan 5:3.

Es la observancia de los mandamientos de Dios lo que lo honra y glorifica en sus elegidos. Por lo tanto, cada alma a quien Dios le ha dado la facultad de razonar está bajo la obligación de escudriñar la Palabra para averiguar todo lo que él nos ha ordenado como posesión adquirida. Deberíamos procurar comprender todo lo que la Palabra requiere de nosotros en el sentido de la obediencia y la observancia de sus preceptos. No podemos manifestar más honor a nuestro Dios, a quien pertenecemos por creación y redención, que dando evidencia ante los seres celestiales, los mundos no caídos y los hombres caídos, de que atendemos diligentemente todos sus mandamientos, que son los principios que gobiernan su reino. Necesitamos estudiar asiduamente para conocer los preceptos de Dios. ¿Cómo podemos ser súbditos obedientes si dejamos de comprender los principios que gobiernan el reino de Dios? Abrid, entonces, vuestras Biblias, y buscad todo aquello que os ilumine respecto a los preceptos de Dios; y cuando discernáis un “así dice Jehová”, no pidáis la opinión de los hombres, sino que, cualquiera que sea el costo para vosotros, obedeced gozosamente. Entonces descansará sobre vosotros la bendición de Dios y lo glorificaréis…
Preguntad a menudo en oración: “Señor, ¿qué quieres que haga? ¿Estoy desatendiendo en alguna forma los preceptos divinos? ¿Estoy colocando de alguna manera mi influencia del lado del enemigo? ¿Estoy descuidando los
mandamientos de Dios? ¿Estoy dispuesto a tomar el yugo con Cristo, a levantar la carga y a colaborar con él? ¿Estoy inventando posibles excusas por desobedecerle? ¿Estoy arriesgándome al desobedecer los preceptos de Jehová claramente revelados, porque no estoy dispuesto a salir del mundo y ser distinto? ¿Tendrá el temor a los hombres una mayor influencia sobre mí que el temor a Dios?” Rendíos vosotros mismos a Dios, diciendo: “He aquí, Señor, me entrego a mí mismo; esto es todo lo que puedo hacer. No seré encontrado en desobediencia a vuestra ley, porque esto me colocaría en las filas del enemigo”.

DEVOCIONAL DIOS NOS CUIDA
Elena G. de White

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