26 de abril | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | No se escatima nada para salvarnos

«Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia». Juan 1:16

CRISTO TRATÓ DE SALVAR AL MUNDO, no conformándose a él, sino revelándole el poder transformador de la gracia de Dios que modela el carácter humano de acuerdo con la semejanza divina.— Review and Herald, 22 de enero de 1895.
Satanás presentaba a Dios como un ser egoísta y opresor, que lo pedía todo y no daba nada, que exigía el servicio de sus criaturas para su propia gloria, sin hacer ningún sacrificio en su favor. Pero el don de Cristo revela el corazón del Padre. […] Declara que aunque el odio que Dios siente por el pecado es tan fuerte como la muerte, su amor hacia el pecador es más fuerte que la muerte.
Habiendo emprendido nuestra redención, el Señor no escatimará nada, por mucho que le cueste, de lo que es necesario para la terminación de su obra. No se retiene ninguna verdad esencial para nuestra salvación, no se omite ningún milagro de misericordia, no se deja sin empleo ningún agente divino. Se acumula un favor sobre otro, una dádiva sobre otra. Todo el tesoro del cielo está disponible para aquellos a quienes él trata de salvar. Habiendo reunido las riquezas del universo, y abierto los recursos del depósito infinito, lo entrega todo en las manos de Cristo y dice: «Todas estas cosas son para la raza humana. Usalas para convencerla de que no hay mayor amor que el mío en la tierra o en el cielo. Amándome hallará su mayor felicidad».— El Deseado de todas las gentes, cap. 5, p. 40.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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