25 de abril | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Regocijémonos en sus tesoros

«Y tú te alegrarás, y también el levita y el extranjero que está en medio de ti, por todo el bien que el Señor tu Dios te ha dado a ti y a tu casa». Deuteronomio 26: 11, NBLH

DEBIÉRAMOS MANIFESTAR gratitud y alabanza a Dios por las bendiciones temporales y por todo consuelo que nos concede. El Señor desea que toda familia que se está preparando para habitar en las mansiones celestiales, le dé gloria por los ricos tesoros de su gracia. Si los niños, en el hogar, fueran educados y preparados para ser agradecidos al Dador de todo bien, veríamos manifestarse la gracia celestial en nuestras familias. Se vería alegría en el ambiente del hogar, y por el testimonio de estos, los jóvenes llevarían consigo un espíritu de respeto y reverencia tanto al aula como a la iglesia. Habría atención en el santuario donde Dios se reúne con su pueblo, reverencia en todos los servicios del culto, y se ofrecerían alabanzas y acción de gracias por todos los dones de su providencia. […]
Toda bendición temporal será recibida con gratitud, y toda bendición espiritual llegará a ser doblemente valiosa debido a que la percepción de tal miembro del hogar, se ha santificado por la Palabra de verdad. El Señor Jesús está muy cerca de aquellos que aprecian de ese modo sus dones de gracia, que descubren el origen de todos sus bienes en un Dios benevolente, amante y cuidadoso, y que reconocen en él la gran Fuente de toda consolación, el manantial inagotable de la gracia.— Manuscrito 67, 1907.
Aun en la tierra podemos tener una corriente de gozo abundante, que nunca dejará de fluir, porque se alimenta del manantial que surge del trono de Dios.— Review and Herald, 2 de junio de 1910.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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