23 de agosto | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White

Cristo sufrió por nosotros

«Cristo Jesús, […] siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos.
Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!». Filipenses 2: 5-8, NVI

EL MUNDO CAÍDO es el campo de batalla del mayor conflicto que los seres celestiales y los poderes terrenales hayan presenciado jamás. Fue señalado como el escenario en el cual se libraría la mayor lucha entre el bien y el mal, entre el cielo y el infierno. Todo ser humano desempeña una parte en este conflicto. Nadie puede permanecer en terreno neutral. Los hombres y mujeres pueden aceptar o rechazar al Redentor del mundo. Todos son testigos, en favor o en contra de Cristo.
El Señor Jesús llama a los que se alistan bajo su estandarte para que entren con él en el conflicto como fieles soldados, a fin de que puedan heredar la corona de la vida. Han sido adoptados como hijos e hij as de Dios. Cristo les ha dejado su promesa segura de que habrá un gran galardón en el reino de los cielos para que participen en su humillación y sufrimientos por causa de la verdad.
La cruz del Calvario desafía y vencerá finalmente a todos los poderes terrenales e infernales. Toda influencia se concentra en la cruz, y de ella irradia en todas direcciones. Es el gran centro de atracción, porque en ella Cristo dio su vida por la raza humana. El sacrificio fue ofrecido con el propósito de restaurar a la especie humana a su perfección original; aún más, fue ofrecido para transformar completamente su carácter, y hacerla más que vencedora.
Los que venzan al gran enemigo de Dios y el hombre con la fortaleza de Cristo, ocuparán un puesto en las cortes celestiales superior al de los ángeles que nunca cayeron. […] Porque no puede haber mayor gozo que el que se encuentra en Cristo.— General Conference Bulletin, p. 33 (1899).

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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