22 de noviembre | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | Bienaventurados los que lavan sus vestiduras

Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Apocalipsis 22:14.

¿Esperamos llegar al cielo al fin y unirnos al coro celestial? Como descendimos a la tumba así saldremos, en cuanto concierne al carácter… Ahora es el momento de lavar y planchar…
Juan vio el trono de Dios rodeado por un grupo, y preguntó: “¿Quiénes son éstos?” La respuesta fue: “Son los que… han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”. Apocalipsis 7:14. Cristo los lleva a las fuentes de aguas vivas y allí está el árbol de la vida y el  precioso Salvador. Se nos presenta aquí una vida que se mide con la vida de Dios. Allí no hay dolor,
pena, enfermedad o muerte. Todo es paz, armonía y amor…
Ahora es el momento de recibir gracia, fortaleza y poder para combinarlos con nuestros esfuerzos humanos a fin de que podamos formar caracteres para la vida eterna. Cuando hagamos esto,  descubriremos que los ángeles de Dios nos servirán, y seremos herederos de Dios y coherederos de Cristo. Y cuando suene la última trompeta, y los muertos sean llamados de su prisión y  transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, se colocarán las coronas de gloria inmortal sobre la cabeza de los merecedores. Las puertas perlinas se abrirán para dejar entrar a las naciones que han guardado la verdad. El conflicto habrá terminado.
“Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Mateo 25:34. ¿Deseamos esta bendición? Yo sí, y creo que vosotros también. Dios os ayude para librar las batallas de esta vida, ganar diariamente la victoria y al fin estar entre los que arrojarán sus coronas a los pies de Jesús, pulsarán las arpas de oro y llenarán el cielo con la música más dulce. En Lugares Celestiales, 371. Deseo que améis a mi Jesús… No rechacéis a mi Salvador porque él pagó un precio infinito por vosotros. Veo en Jesús encantos incomparables, y deseo que vosotros también los veáis.—In Heavenly Places, 369.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White

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